Tratado de Tudilén (27-Enero-1151)

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 El Tratado de Tudilén o Tudején fue suscrito el 27 de enero de 1151 por Alfonso VII, rey de León y Castilla, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, en Tudilén, un lugar situado cerca de Aguas Caldas en Navarra, esto es, en Baños de Fitero, pues en aquella época Fitero era un término de la villa castellana de Tudején.

En el mismo Tratado se indica que el rey García Ramírez de Pamplona ha fallecido (“que omnia rex die illo quo mortus est”). Dado que ello se produjo el 21 de noviembre de 1150, el Tratado de Tulidén debió firmarse en el 1151, seguramente en ese 27 de enero. El hecho de la muerte de García y su sucesión por su hijo Sancho VI sin duda propició el Tratado, ya que Sancho tenía diecisiete años, lo que, en principio, podía suponer una cierta debilidad del viejo Reino.

Es de señalar que para la Iglesia todavía Sancho sigue siendo “Dux Pamplonensis”, que corresponde al que manda un territorio por acuerdo de sus habitantes sin permiso o aceptación de la Iglesia, cosa que logrará Sancho más tarde. Pero ni Alfonso VII ni Ramón Berenguer IV en este Tratado ni en el anterior de Carrión le negaron el título de “rex” a García, lo que muestra un cierto reconocimiento a García por el Imperio leonés y la posteriormente llamada Corona de Aragón.

En este pacto los firmantes convinieron en declarar la guerra al Reino de Navarra, repartiéndose el mismo, ratificando el Tratado de Carrión de 1140, además de adjudicar a Aragón, , Valencia, Denia y Murcia, mientras Castilla se reservaba los estratégicos castillos de Lorca y Vera.

Fue precedente de otros tratados como el de Lérida en 1157, el de Cazorla en 1179 y Almizra en 1244 por el que se fijaron los límites de expansión en la región de Levante de los dos grandes reinos peninsulares.

Tratado de Mignano (25-Julio-1139)

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El 22 de julio de 1139, en Galluccio, Roger III hijo de Roger II, el Duque de Apulia, emboscó a las tropas papales con mil caballeros y capturó al Papa Inocencio II.

 El 25 de julio de 1139, Inocencio II reconoció a la monarquía y posesiones de Roger con el Tratado de Mignano. Y lo reconoció como rex Siciliae ducatus Apuliae et principatus Capuae, llegando al fin la paz al sur de Italia.

 En 1143, Inocencio II  rechazó reconocer el Tratado de Mignano con Roger de Sicilia.

Tratado de Alton (Julio-1101)

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El Tratado de Alton fue un acuerdo firmado en Julio de 1101 entre Enrique I de Inglaterra y su hermano mayor, Roberto, duque de Normandía, en donde Roberto reconocerá a Enrique como rey y éste a cambio le concederá a su hermano una pensión de 5.000 marcos y la promesa de ayudarle militarmente en el continente europeo. Volviendo Roberto a su Ducado de Normandía. Pero el tratado de paz especificaba que si uno de los dos moría, el otro hermano se quedaba con sus posesiones.El acuerdo puso fin a una crisis temporal en la sucesión de los reyes anglo-normando. 

El acuerdo no fue de larga duración, sin embargo.  En 1105, Enrique I de Inglaterra invadió Normandía y derrotaron al ejército de su hermano el año siguiente en la batalla de Tinchebray. Roberto fue encarcelado y murió en cautiverio en 1134. Normandía seguía siendo una posesión de la Corona Inglés por más de un siglo después.

Tratado de Zamora (5 de octubre de 1143)

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El Tratado de Zamora fue el resultado de la conferencia de paz entre Alfonso I de Portugal y el rey Alfonso VII de León y Castilla, el 5 de octubre de 1143, marcando generalmente la fecha de la independencia de Portugal y el inicio de la dinastía alfonsina.

La reunión duró dos días y, una vez finalizada esta, d. Afonso Henriques fue finalmente reconocido rey  de Portugal como Alfonso I de Portugal, por su antiguo señor.

El Tratado de Zamora surge bajo estas condiciones. D. Alfonso de León y Castilla reconoce la independencia de d. Afonso Henriques, el retorno de las posesiones y el cesede las hostilidades en la frontera gallega

Victorioso en la batalla de Ourique, en 1139, Afonso I se benefició de la acción desarrollada, en favor de la constitución del nuevo reino de Portugal, por el arzobispo de Braga, Don João Peculiar. Éste buscó conciliar los dos primeros e hizo que se encontraran en Zamora los días 4 y 5 de octubre de 1143, con la presencia del cardenal Guido de Vico.

La soberanía portuguesa, reconocida por Afonso VII en Zamora, vino a ser confirmada por el Papa Alejandro III en 1179, pero el título de Rey de Portugal, que Alfonso I usaba desde 1140, fue confirmado en Zamora, comprometiéndose entonces el monarca portugués, ante el cardenal Guido de Vico, a considerarse vasallo de la Santa Sede, obligándose, por él y por sus descendientes, al pago de un censo anual.

En Zamora, se revocó el anterior Tratado de Tuy, de 1137.

Por medio de este importante Tratado Portugal consiguió la independencia, cosa que se representa perfectamente en este monumento de granito, con un mapa de la península ibérica “roto”, que separa en dos partes diferenciadas España y Portugal. Junto al mapa hay una cita conmemorativa. El monumento fue realizado en el año 1.993, con motivo del 850 aniversario del Tratado de Zamora.

Tratado de Carrión (22-Febrero-1140)

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El Tratado de Carrión es un tratado firmado el 22 de febrero de 1140 en Carrión de los Condes, actual provincia de Palencia (España), entre el rey Alfonso VII de León y Castilla y el conde Ramón Berenguer IV, quien por su compromiso con Petronila, hija de Ramiro II, gobernaba de hecho en el Reino de Aragón, con la finalidad de repartirse el Reino de Navarra bajo el mandato de García Ramírez.

En sus cláusulas se preveía que los pueblos y tierras de la orilla izquierda del río Ebro, pasasen a poder de Reino de Castilla. Ramón Berenguer IV se quedaría con las plazas y comarcas que García Ramírez había tomado en los tres años de guerra fronteriza entre Navarra y Aragón (1137-1140). Del resto se harían tres partes: una, en la que estaba incluida la ciudad de Estella, sería para Alfonso VII; y las otras dos, en la que estaría Pamplona, pasarían a manos de Aragón.

El texto es el siguiente:

Este es el convenio y la concordia que hicieron entre sí el ilustre Alfonso VII, emperador de Hispania, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de los aragoneses. Fundamentalmente se pusieron de acuerdo en lo que respecta a la tierra que tiene García, el rey de los pamploneses, a saber: que el citado emperador Alfonso tenga de ella Marañon y toda la tierra que desde el Ebro hacia Pamplona tenía su abuelo el rey Alfonso VI el día que murió; por otra parte, del resto de la tierra que tiene el rey García, que el cónsul de los barceloneses tenga toda la que le pertenece al reino de Aragón, sin rendir homenaje de ella, tal como la poseyeron en su tiempo los reyes Sancho Ramírez y Pedro I; de la otra tierra de Pamplona, por la que los reyes Sancho y Pedro hicieron homenaje a Alfonso VI, rey de León, que Alfonso tenga la tercera parte de ella y el conde de los barceloneses Ramón las otras dos terceras partes; y por estas dos terceras partes que preste al emperador Alfonso el mismo homenaje que prestaron los reyes Sancho y Pedro al Rey Alfonso VI, abuelo del emperador Alfonso. Por otro lado, que en la tercera parte del emperador esté el castillo de Estella y en las dos partes del conde la ciudad de Iruña (Pamplona). Además de eso, el venerable emperador Alfonso y el ilustre conde de los barceloneses Ramón se pusieron de acuerdo en esto: que cualquiera que fuere el modo en que pudieran recuperar o adquirir las tierras de Pamplona que habían de ser repartidas según se ha dicho, ya fuera por los dos a la vez, por uno sin el otro o por sus hombres, que el emperador tuviera la tercera parte y el citado conde las otras dos hasta que la adquiriesen totalmente. Y cuando todo sea adquirido, que lo dividan entre sí en el modo prescrito y que lo posean firmemente. Este convenio y concordia fue realizado en Carrión nueve días antes de las Kalendas de marzo, el año de la encarnación del Señor CXXXVIII después del milésimo, era milésima CLXXVIII, año 1139, en presencia de don Berenguer, obispo de Salamanca, Bernardo, obispo de Sigüenza, Pedro, obispo electo de Burgos, y diez y ocho condes y nobles que se hallan presentes en la curia del emperador

Este fue uno de varios documentos en que los reyes castellanos y aragoneses plantean el reparto de Navarra como también se produjo en los años 1151, 1157 y 1198.

En estos acuerdos el reino, una vez conquistado sería dividido aproximadamente por la línea que traza el cauce del río Arga.

Ramón Berenguer atacó Navarra antes del verano de ese mismo año entrando en el valle de Lónguida y en Pamplona y derrotando poco después a García Ramírez en Ejea de los Caballeros. Por otra parte el ejército castellano se acercó a la frontera de Navarra y se estableció en Calahorra, mientras el rey navarro salía a su encuentro y se situaba en Alfaro. Se produjeron algunas escaramuzas. Alfonso VII no estaba muy convencido de que Aragón lograra conquistar Navarra, por lo que entró en conversaciones con el monarca navarro, por mediación de Alfonso Jordán, conde de Tolosa, primo de Alfonso VII Llegaron a un acuerdo de paz en el que intervinieron magnates y prelados, en especial, el obispo de Pamplona y el prior de la iglesia de Tudela. En este acuerdo firmado el 25 de octubre de 1140, se concertó el matrimonio de la infanta Blanca, nacida y criada en Tudela, con el príncipe Sancho, primogénito de Alfonso VII, que entonces contaba siete años. Se celebraron los desposorios en el mismo campo destinado a la batalla, quedando la princesa navarra, que también era menor, en la corte de Castilla. En este acuerdo de paz no entró el conde Ramón Berenguer IV, que siguió atacando las fronteras de Navarra.

Tratado de Tuy (1137)

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El Tratado de Tuy fue celebrado en 1137 entre Alfonso VII de León y Castilla y su primo, el infante Alfonso Enríquez, poniendo término a las hostilidades entre ellos y estableciendo la frontera entre el reino de Castilla y Portugal.

Según parece, Alfonso Enríquez, sabiendo que el emperador se encontraba en mala posición en el conflicto con el rey de Navarra, aprovechó la oportunidad favorable para, de acuerdo con aquel, entrar con su ejército en Galicia, tomando Tuy, apoderándose de algunos castillos por traición de quien los defendía y causando daños en la zona. Alfonso VII recuperó Tuy.

Algunos autores consideran que Alfonso Enríquez, continuando de la política de independencia de sus padres, evitó cualquier acto que lo llevara a la sumisión a su primo.

Alfonso Henriques nunca reconoció a su primo como emperador, y éste tampoco invocó tal hecho en las relaciones con Portugal, pero que el rey de León y Castilla no renunciaba a su supremacía lo muestra la protesta que dirigió a Eugenio III con ocasión del Concilio de Reims (1148) sin hablar de la intransigencia con que luchó hasta el fin de su vida por la primacía eclesiástica de Toledo sobre todos los territorios hispánicos.

Concordato de Worms (23-Septiembre-1122)

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El Concordato de Worms fue un acuerdo político entre el emperador alemán Enrique V y el papa Calixto II, firmado en el año 1122, que supuso el final de la Querella de las investiduras (el emperador elegía al clero sin ninguna vocación espiritual).

Las diferencias entre el papado y el emperador Enrique V fueron limándose hasta que, por mediación del metropolitano Adalberto de Maguncia, el Papa y el monarca alemán llegaron a un acuerdo siguiendo el modelo aplicado para Inglaterra desde 1107: fue el llamado Concordato de Worms del 23 de septiembre de 1122.

Por este acuerdo, Enrique V admitía la libre elección y consagración del papa elegido canónicamente. Se comprometía, igualmente, a restituir a la Iglesia de Roma los bienes que le habían sido arrebatados en tiempos de la discordia y a ayudar al Papa cuando fuera requerido para ello. A cambio, Calixto II concedía a Enrique que estuviera presente en las elecciones que se celebraran en los obispados del reino alemán para vigilar la limpieza del proceso.

Las negociaciones por la paz habían comenzado en Maguncia el 8 de setiembre del año 1122 siendo representada la Sede Apostólica por un grupo de cardenales presididos por Lamberto de Ostia y se concluyeron en Worms el 23 de septiembre del mismo año

He aquí las dos declaraciones.

PRIVILEGIUM IMPERATORIS

En el nombre de la santa e indivisible Trinidad. Yo Enrique, por la gracia de Dios augusto emperador de los Romanos, por amor de Dios y de la Santa Iglesia Romana y de  nuestro papa Calixto y por la salvación de mi alma cedo a Dios y a sus santos apóstoles Pedro y Pablo y a la Santa Iglesia Católica toda investidura con anillo y [báculo] pastoral, y concedo que en todas las iglesias existentes en mi reino y en mi imperio las elecciones se hagan libre y canónicamente.

Restituyo a la misma Santa Iglesia Romana las posesiones y regalías del bienaventurado Pedro, que le fueron quitadas desde el inicio de esta controversia hasta hoy, sea en tiempos de mi padre como en los míos, y que yo poseo; daré fielmente mi ayuda para que sean restituidas aquellas que no tengo. Del mismo modo entregaré, con el consejo de los príncipes y conforme a justicia, las posesiones de todas las otras iglesias y de los príncipes y de los otros clérigos o laicos, perdidas en esta guerra y que se encuentran en mi mano; para aquellas que no tengo, daré fielmente mi ayuda a fin de que sean restituidas.

Y aseguro una sincera paz a nuestro papa Calixto y a la Santa Iglesia Romana y todos aquellos que han estado de su parte. Fielmente daré mi ayuda cuando la Santa Iglesia Romana me la pida, y le haré justicia si me presentase quejas.

Todo esto ha sido redactado con el consentimiento y el consejo de los príncipes cuyos nombres siguen a continuación: Adalberto, arzobispo de Maguncia, F. arzobispo de Colonia, H. obispo de Ratisbona, O. obispo de Bamberg, B. obispo de Espira, H. obispo de Augsburgo, G. de Utrecht, O. de Constanza, E. abad de Fulda, el duque Enrique, el duque Federico, el duque S., el duque Petrolfo, el marqués Teipoldo, el marqués Engelberto, el conde palatino Gotifredo, el conde palatino Otón, el conde palatino Berengario.

Yo Federico, arzobispo de Colonia y gran canciller he revisado la presente.

 

PRIVILEGIUM PONTIFICIS

Yo Calixto obispo, siervo de los siervos de Dios, concedo a ti, dilecto hijo Enrique, por la gracia de Dios augusto emperador de los Romanos, que las elecciones de obispos y abades de Alemania que toquen al reino sean hechas en tu presencia, sin simonía y sin ninguna violencia; de modo tal que si surgiese cualquier motivo de discordia entre las partes, según el consejo y el parecer del metropolitano y de los [obispos] coprovinciales, tu des tu consentimiento y tu ayuda a la parte más sana.

El electo reciba de ti las regalías por medio del cetro y por ellas cumpla según la justicia sus deberes hacia ti.

En cambio, aquel que es consagrado en las otras regiones del Imperio reciba  de ti las regalías dentro de los seis meses [de la consagración] por medio del cetro, y por ellas cumpla según justicia sus deberes hacia ti, quedando salvas todas las prerrogativas reconocidas a la Iglesia Romana.

 Según el deber de mi oficio te prestaré ayuda en todo aquello sobre lo que me presentes quejas o me pidas socorro.

 Te aseguro una paz sincera, a ti y a todos aquellos que están o han estado de tu parte durante esta discordia.

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