Diferencias en el combate entre cristianos y musulmanes

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En su modo de combatir y afrontar las batallas, los cristianos y los musulmanes eran totalmente diferentes.

Los caballeros cristianos

Estaban cubiertos de cota de malla de la cabeza a los pies, lo que los les hacia prácticamente inmunes a las flechas de sus enemigos, normalmente las puntas se quedaban enganchadas en los aros de hierro que conformaban la cota.. Además, utilizaban cascos y escudos.

Los cristianos atacaban en cargas cerradas, sin dejar hueco entre caballeros.

Como armas ofensivas utilizaban la lanza, la espada, el hacha, la maza o el látigo de hierro (estas dos últimas estaban diseñadas para romper huesos).

Los combatientes musulmanes

Los musulmanes basaban su táctica en la movilidad de sus jinetes ligeros, con una cota menos pesada Acosaban a su enemigo y siempre procuraban evitar el enfrentamiento directo.

Su arma favorita era el arco, con el que disparaban desde las sus caballos, pero también usaban lanzas  que gracias a su gran movilidad y la pesadez de los caballeros cristianos tenia  un alto porcentaje de acierto y sacando provecho de esta mayor movilidad.

Los sarracenos procuraban desorganizar los escuadrones cerrados de los cristianos para meterse entre ellos, separar la caballería de la infantería y atacar a caballeros aislados.

Viaje Alemán hacia oriente en la segunda cruzada

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El Rey Conrado pensó salir en Pascua de 1147, pero inicio su viaje en mayo, pasando a Hungría con un gran ejercito a finales de ese mes.

Se cree que estaba formado por cerca de unos 20000 entre gente armada y peregrinos, a él se le había unido dos Reyes de pueblos vasallos de Alemania, Ladislao de Bohemia y Boleslao IV de Polonia.

Entre los nobles alemanes se encontraba el Duque de Suabia (Federico), sobrino de Conrado y futuro heredero de la corona alemana.

A lo largo del mes de junio este ejército avanzo por Hungría donde su Rey Geza les dio todas las facilidades para su tránsito por el país, el cual se hizo sin incidentes, llegando a la frontera del Imperio Bizantino a mediados de Julio, una vez prestado el juramento ante los embajadores, Demetrio Macrembolites y Alejandro de Gravina, del Emperador Bizantino, juramento de no agresión hacia este Imperio se le permitió entrar en él, entrando este ejercito el día 20 de julio por Branitchevo, cruzando el rio Danubio por barcos bizantinos.

Todo el viaje estaba trascurriendo sin incidentes hasta la llegada a Sofía donde empezó el pillaje en los campos, no pagando por los productos que cogían, e incluso matando a quien se les oponía.

Conrado no podía sujetar a esta chusma incontrolable, siendo peor en la ciudad de Filipopolis donde redujeron a cenizas las afueras de la ciudad, no atreviéndose con la ciudad protegida por una poderosa muralla.

Conrado castigo a los cabecillas y el emperador Manuel, envió sus tropas para escoltar a los cruzados durante el trayecto de estos por tierras bizantinas, esto último no hizo más que empeorar las cosas, ya que hubo numerosas reyertas entre los alemanes y su escolta. El mayor incidente en este trayecto fue la muerte a manos de bandidos bizantinos de un mercader enfermo, que quedó aislado y rezagado, los alemanes a las órdenes de Federico de Suabia quemo y arraso un monasterio cercano, matando a todos los que encontró. Ante este incidente el emperador trato de que no se acercaran a Constantinopla, incluso pensó en hacerles frente con su ejército, cosa que en el último momento no ordeno.

Antes de su llegada a la capital a los cruzados les ocurrió una gran desgracia ya que todos los acampados en Cheravas, una inundación les dejo sin tiendas, riquezas y quito la vida a numerosos soldados.

Por fin el día 10 de septiembre este ejército llega a Constantinopla, a la espera del contingente francés que llegaría un mes después. Para juntos marchar a oriente.

Aunque antes de la llegada de todo el ejército francés el Rey Conrado decidió partir hacia Calcedonia, el Emperador les proporciono guías para cruzar Anatolia todo trascurrió sin novedades aparentes hasta llegar a Nicea, donde Conrado decidió dividir su ejército de cruzados por un lado los no combatientes al mando de Oton de Freisingen con una pequeña escolta y por otra lado Conrado con el grueso del ejercito armado.

Conrado sale de Nicea el 15 de Octubre guiado por los guías asignados por el emperador bizantino, en territorio del imperio no tuvieron problemas de suministros, pero sin previsión ni aprovisionamiento se adentraron en territorio turco, a su llegada  cerca de Dorilea extenuados y sedientos fueron atacados por el ejército seleucida, poco pudieron hacer, siendo masacrados por el enemigo, Conrado logra huir, hacia Nicea, dejando atrás todos sus pertrechos y al 90 por ciento de su ejército muerto.

Al llegar a Efeso,  Conrado enfermó de gravedad y Manuel I al enterarse de ello le envió una expedición personal para trasladarlo a Constantinopla para su tratarlo personalmente y allí, quedo impresionado por las atenciones que Manuel I y su esposa, cuñada de Conrado, tuvieron con él y fue alojado en su palacio. Una vez restablecido, en marzo de 1148 una flota bizantina, los embarcó hacia Acre.

Convocatoria Alemana de la segunda cruzada

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Después de predicar la segunda cruzada por todo Francia, Bernardo de Caraval se trasladó a Alemania, donde él creía que los nobles y clérigos alemanes se unirían a la cruzada, estos al igual que su rey, que admiraba mucho al santo, no estaban muy convencidos ni dispuestos a luchar contra el Islam, para intentar convencerlos escribió a todos los obispos alemanes para así asegurarse su entera colaboración y ayuda para logra que si cambiaran de parecer.

Hasta este momento los alemanes habían tenido papel poco importante en el movimiento cruzado de la época. Su cruzada cristiana se había dirigido hacia la zona de los pueblos eslavos, de las regiones de Pomerania y Branderburgo, con un fin evangelizador y al mismo tiempo expansionista

En otoño de 1146 Bernardo logra entrevistarse con el Rey Conrado III de Hohenstaufen, en la ciudad de Francfort del Meno, fue tan decepcionante su entrevista que decidió volverse a su monasterio, pero los obispos alemanes le convencieron y se fue a predicar al sur de Alemania, aunque todo el país sufrió en estos años una pérdida de la cosecha y gran hambruna esta zona era la más asolada, así que con sus motivadores discursos Bernardo, consiguió que la gente más humilde y más desfavorecida no se lo pesara veces y abrazaran la cruz con gran fervor. La gente no tenía nada y como los participantes en la primera cruzada muchos pensaron en obtener riquezas.

Ante esta avalancha el Rey Conrado vuelve a entrevistarse con Bernardo en las navidades de 1146, después de dos memorables sermones el Rey decidió abrazar la cruz, concretamente el día 27 de diciembre..

Bernardo muy contento volvió a Francia, para supervisar los preparativos de esta nueva cruzada y pidiendo que se adelantara la marcha.

En marzo vuelve a Alemania para asistir al concilio de Francfort, en la cual también decidieron emprender una cruzada contra los eslavos paganos de Oldenburgo, resulto un fracaso

Convocatoria francesa a la Segunda Cruzada 1146

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El papa convoca para la cruzada al rey de Francia Luis VII

El rey Luis VII de Francia fue llamado por el Papa, para organizar la nueva Cruzada, y el rey respondió de buen grado a este llamamiento. Cuando llegó a sus manos la Bula papal, para la organización del ejército de cruzados y al mismo tiempo la noticia traída por el obispo de Jabala, para que fuera el que liderada la cruzada, Luis VII envía un llamamiento a sus principales vasallos para que se reúnan con él en Bourges, en Navidades. En la reunión les comunica que va a tomar la Cruz y les pide que hagan ellos lo mismo. Los nobles franceses no están de acuerdo con su monarca, lo cual le deja abatido, tampoco ayudó mucho que el decano de los políticos del su reino, Sugerio, abad de Saint-Denis, expresara su disconformidad a que el rey se ausentara tanto tiempo de su reino para ir a Oriente de cruzada. Sólo el obispo de Langres se pronunció en favor del soberano.

Luis VII decidió aplazar durante tres meses su llamamiento, y convocó una nueva asamblea para Pascua en Vézélay. Entretanto, escribió al Papa para manifestarle su propio deseo de mandar la Cruzada, y envió a llamar al único hombre que tenía una autoridad superior a la suya, Bernardo, abad de Claraval. San Bernardo se hallaba ahora en la cúspide de su fama. El fervor y sinceridad de su predicación, unidos a su valor y su vida sin tacha, contribuían a conseguir la victoria de cualquier causa que apoyaba, salvo en el caso de la terca herejía catara del Languedoc. Hacía tiempo que tenía interés por la suerte de la Cristiandad oriental, y él mismo había contribuido a redactar la regla de la Orden del Temple. Cuando el Papa y el rey requirieron su ayuda en la predicación de la nueva Cruzada, accedió rápidamente. La asamblea se reunió en Vézélay el 31 de marzo de 1146. La noticia de que San Bernardo iba a predicar atrajo a visitantes de toda Francia. Como en Clermont, medio siglo antes, la multitud era demasiado numerosa para haber cabido en la catedral. San Bernardo habló desde un estrado levantado en un campo en las afueras de la pequeña ciudad. Allí dio lectura a la Bula papal que pedía una expedición santa y prometía absolución a todos los que participaran en ella, y que después usó de su incomparable retórica para demostrar la urgencia de la petición del Papa. Fue tal su oratoria y su poder de convicción que casi todos los presentes quisieron formar parte y empezaron a pedir cruces a gritos: «Cruces, dadnos cruces.» Se agotó la tela preparada para coser las cruces, y San Bernardo se despojó de su propio hábito para que fuera cortado en cruces. Se dice que fue tal el número de cruzados que a la puesta del sol aún estaban cosiendo él y sus auxiliares.

El rey Luis vii fue el primero en abrazar la Cruz, y en esta ocasión si que le siguieron numerosos nobles que en un principio no estaban de acuerdo en ir a la Cruzada. Entre ellos se hallaban:

  • Su hermano Roberto, conde de Dreux;
  • Alfonso-Jordán, conde de Tolosa, que había nacido en Oriente;
  • Guillermo, conde de Nevers, cuyo padre había mandado una de las desgraciadas expediciones en 1101;
  • Enrique, heredero del condado de Champagne;
  • Thierry de Flandes, que ya había combatido en Oriente y cuya esposa era hijastra de la reina Melisenda;
  • Su tío, Amadeo de Saboya;
  • Archimbaldo, conde de Borbón;
  • los obispos de Langres, Arras y Lisieux,
  • y muchos nobles de segunda fila,

Evidentemente las palabras del clérigo hicieron que se apuntara mucha gente que no tenía nada que ver con la nobleza, gente de toda condición y posición.

Se lo comunicó al Papa y alentado por su éxito, San Bernardo emprendió un viaje por Borgoña, Lorena y Flandes, predicando la Cruzada por donde pasaba.

Estando en Flandes, recibió un mensaje del arzobispo de Colonia, pidiéndole que se trasladara en seguida a Renania, para ayudarles a que predicara sobre la próxima cruzada.

2ª Cruzada: Reinos participantes

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Reinos Cruzados

  • Reino de Jerusalén
    • Caballeros Templarios
    • Caballeros Teutónicos
    • Caballeros Hospitalario
  • Imperio bizantino
    • Armenia
  • Reino de Portugal
  • Reino de Castilla
  • Condado de Barcelona
  • Reino de León
  • Sacro Imperio Romano Germánico
    • Franconia
    • Baviera
    • Suabia
    • Estiria
  • Reino de Francia
    • Flandes
    • Montferrato
    • Saboya
    • Bar
    • Auvernia
    • Lorena
    • Borgoña
    • Bretaña
    • Aquitania
    • Provenza
  • Reino de Inglaterra
    • Normandía

Reinos Sarracenos

  • Dinastía Selyúcida
  • Almorávides
  • Almohades
  • Zengids
    • Muyahides
  • Abasidas
  • Fatimies

2ª Cruzada: Comandantes de ambos bandos

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Comandantes Cristianos

Melisenda de Jerusalén
Balduino III de Jerusalén
Raimundo II de Trípoli
Raimundo de Poitiers
Manuel I Comneno
Thoros II de Armenia
Alfonso I de Portugal
Alfonso VII de León
Conrado III
Ottokar III de Estiria
Luis VII de Francia
Thierry de Alsacia
Esteban de Blois
Godofredo V de Anjou

Comandantes Sarracenos

Masud I
Tashfin Ibn Alibr
Ibrahim ibn Tashfin
Ishaq ibn Ali
Abd Al-Mumin
Imad ad-Din Zengi
Saif ad-Din Ghazi I
Al-Muqtafi
Al-Hafiz

2ª Cruzada:Origen y Convocatoria

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La Segunda Cruzada fue convocada en 1145 en respuesta a la caída del condado de Edesa un año antes. La recuperación de Edesa, por parte del gobernador militar selyúcida, Imad al-Din Zangi, tuvo lugar entre el 28 de noviembre y el 24 de diciembre de 1,144

Edesa fue el primero de los estados cruzados fundados durante la Primera Cruzada (1096–1099), pero fue también el primero en caer.

La noticia de la caída de Edesa fue traída a Europa por primera vez por los peregrinos a principios de 1145, y luego por las embajadas de Antioquía, Jerusalén y Armenia. El Obispo Hugo de Jabala informó de la noticia a el Papa Eugenio III, que emitido una bula papal Quantum praedecessores el 1 de diciembre de ese año, pidiendo una segunda cruzada.

El Papa encargó a Bernardo de Claraval para predicar la Segunda Cruzada y conceder las mismas indulgencias que el papa Urbano II había concedido en la Primera Cruzada. Un parlamento fue convocado en Vézelay en Borgoña en 1146, y Bernardo de Claraval predicó ante la asamblea el 31 de marzo. Luis VII de Francia, Su esposa, Leonor de Aquitania, los príncipes y señores presentes se postraron a los pies de San Bernardo para recibir la Cruz de los peregrinos.

La Segunda Cruzada, convocada por el Papa Eugenio III, contó con el liderazgo de varios reyes europeos por primera vez, entre los que destacaron Luis VII de Francia y el emperador Conrado III, y con la ayuda de numerosos nobles.

Los ejércitos de ambos reyes marcharon por separado a través de Europa y en cierto modo fueron retardados por el emperador bizantino Manuel I Comneno. Después de cruzar el territorio bizantino, ya en Anatolia, ambos ejércitos fueron derrotados, por separado, por los turcos selyúcidas.

Luis, Conrado y los restos de sus ejércitos llegaron a Jerusalén y en 1148 participaron en un desacertado ataque sobre Damasco.

La cruzada en oriente fue un fracaso para los cruzados y una gran victoria para los musulmanes.

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