La batalla de Jerusalén (7 de Junio a 15 de Julio de 1099)

El objetivo principal de la primera Cruzada era la conquista de Jerusalén, pero no resultó nada fácil llegar, tuvieron que lidiar contra los ejércitos turcos y esto retraso su llegada a las puertas de la ciudad deseada.

Estas dificultades fueron aprovechadas por los fatimíes Egipcios, que llevaban mucho tiempo intentando conquistar Palestina y quitársela a los turcos.

El visir Egipcio, entabló negociaciones con los líderes cristianos, para que no se atacarán entre ellos, ya que tenían un enemigo en común, los turcos y que dejaran su intención de conquistar Jerusalén. Este creía que los cristianos querrían asegurar las ciudades y territorios robados a los turcos. Casi lo consigue ya que algunos líderes estaban dispuestos y se conformaban con las posesiones obtenidas. Pero ante la amenaza de una revuelta entre las filas cristianas, obligó a que pusieran rumbo a Jerusalén.

Esta nueva decisión tomó a los Fatimíes por sorpresa y como el territorio hasta la Ciudad Santa, estaba mal fortificado, solo tenía pequeñas guarniciones que no podían hacer frente al avance cruzado, el avance fue bastante pacífico. Algunas ciudades negociaron el paso libre de los cruzados y otros hasta se ofrecieron a aceptar la autoridad cristiana si estos conquistaban Egipto, por ejemplo Trípoli que les dio además dinero y caballos para no ser atacada.

El 6 de junio Godofredo envió a Tancredo y a Gastón para capturar la ciudad de Belén, lugar en el que Tancredo hizo ondear su estandarte desde la Iglesia de la Natividad.

Así que su llegada a Jerusalén fue rápida y pacífica, incluso con la sorpresa a los defensores de la ciudad no les dio mucho tiempo a reforzar las murallas que solamente habían reparado tras conquistarla en Agosto de 1098.

No se tienen muchos datos de cuantos formaban la guarnición de Jerusalén, pero se cree que no era muy numerosa y estaba formada por caballería e infantería, aproximadamente unos 2000 ó 3000 efectivos. Su visir era Ifrikhur-ad-Daulah.

Los cruzados llegaron a Jerusalén el día 7 de junio de 1099, muchos ante la vista de sus murallas llegaron a llorar y rezar. Sin tiempo para descansar los líderes cruzados planearon un asalto. Esta celeridad se debió a varios factores:

  1. Estaban deseando tomar la ciudad, la mayoría llevaba ya tres años, de duro camino para llegar a su objetivo.
  2. Estaban lejos de cualquier ayuda cristiana.
  3. Su única fuente de agua potable estaba a más de 2 km de la ciudad.
  4. Los cruzados sabían por mensajeros capturados que un gran ejército Egipcio venia en ayuda de la ciudad.

Por todo esto descartaron sitiar la ciudad y concentraron todas las fuerzas en la muralla occidental, encargándose los francos del lado norte, hasta la altura de la Torre de David y los Provenzales del lado sur, desde la Torre de David hasta el Monte de Sion, estos al mando de Raimundo de Toulouse, este una vez valorada la situación creía que esa zona era demasiado fuerte y decidió trasladarse al sudoeste de la ciudad, ante la oposición de sus hombres.

La Batalla

El ejército franco intento un asalto, escalando las murallas el día 13 de Junio, pero ante la falta de equipamiento de asalto, el ataque fue un gran fracaso.

Tenían un gran problema, ya que no tenían madera, ni especialistas en construcción de armas de asedio. Pero todo esto cambió cuando una flota de 6 barcos italianos llego al puerto de Jafa, el día 17 de junio, con suministros y madera suficiente para poder hacer las armas de asedio necesarias. Con esta madera construyeron dos torres de asedio, un gran ariete, escalas de asalto, mangolenes y otros artilugios para lanzar piedras y otros equipamientos menores.

El día 8 de julio para reconciliar a todos los cristianos y pasa subir la moral del ejercito, un cura llamado Pedro Desiderio, aseguró tener una visión divina en la que le piden ayunar tres días y luego ir en procesión, descalzos, alrededor de la ciudad. Si hacían esto la ciudad caería en nueve días. A pesar de que ya estaban hambrientos, hicieron el ayuno y marcharon en procesión, con el clero haciendo sonar las trompetas y cantando salmos mientras que los defensores de la ciudad se reían de ellos. La procesión terminó en el Monte de los Olivos, en dónde Pedro el Ermitaño, Arnulfo de Chocques y Raimundo de Aguilers pronunciaron varios sermones.

Los cruzados hicieron dos grandes asaltos por separado. Los francos al mando de Godofredo de Lorena, Tancredo, Duque Roberto de Normandía y Hugo de Vermandois y los provenzales al mando de Raimundo de Toulouse.

Se iniciaron el día 9 de Julio, en el cual se rellenó el foso y se niveló el terreno lo más posible, para que se pudieran acercar las torres de asedio. El ejército de Raimundo fue directo contra las murallas sin muchas dificultades. Y el ejército franco decidió que no atacaría por allí, ya que los defensores habían reforzaron la zona y decidieron atacar 1 km más al norte, atacando la muralla por una zona menos defendida y fortalecida. Para este ataque usaron la torre de asedio, un ariete y 3 mamgoneles, rellenaron el foso y allanaron el terreno.

El día 13 de julio se inició el gran asalto con el objetivo de conquistar la primera muralla, ya que Jerusalén estaba defendida por dos murallas, la segunda más alta y ancha que la primera.

Asalto del Norte de la muralla

A pesar de los intentos de los defensores por quemar el ariete, los cruzados consiguieron protegerlo con su escasa agua y lograron derribar un tramo de la muralla exterior. La muralla interior era otro cantar, era demasiado fuerte para ser derribada por el ariete y también había poco espacio entre ambas murallas, lo que hacía inútil el uso del ariete, incluso era un obstáculo más, para quitárselo de en medio los cruzados le dieron fuego y después tuvieron paso libre para la torre de asedio. Todos los intentos de los defensores de acabar con la torre, disparos de piedras con mangoneles, prenderla fuego e incluso tirarla fueron infructuosos y con los soldados apostados en ella, en franca ventaja con sus disparos posibilitaron que sus compañeros lanzaran escalas, incluso algunos soldados de la torre lograron subir a la muralla. Una vez en la muralla, los cruzados se dispersaron y abrieron una de las puertas, la de Josafat, por la cual penetraron el resto del ejército cristiano.

Asalto del sur de la muralla

Este no contó con el factor sorpresa como el del Norte, ellos tuvieron que lidiar con los proyectiles pétreos de los defensores, mientras rellenaban el muro y allanaban el terreno junto a la muralla, protegidos por unos grandes escudos hechos de ramas entrelazadas.

Pero no solo con eso les combatieron los defensores, sino que incendiaron muchas de las máquinas de guerra lanza piedras, con bolas de fuego, echas de grasa, pelo y otros componentes combustibles, esto provoco unos grandes incendios en el campamento cristiano y perdida de material bélico. Incluso lograron dañar la torre de asedio. No les quedó más remedio que asaltar la muralla en masa con escalas y cuerdas, y también consiguieron entrar en la ciudad.

Los pocos defensores que quedaron vivos pasaron a refugiarse en la ciudadela, el último reducto para los defensores, tras perder los dos muros exteriores.

No tardaron mucho en rendirse, ante la promesa de Godofredo que les perdonaba la vida y les ofrecía protección, para el gobernador, Ifrikhur-ad-Daulah y los supervivientes.

Consecuencias de la toma de la ciudad.

Una vez que los cruzados consiguieron entrar en la ciudad comenzaron a realizar una masacre en la cual murieron casi todos los habitantes de Jerusalén. La masacre se prolongó durante la tarde, la noche y la mañana del día siguiente. Fueron masacrados musulmanes, judíos, e incluso algunos cristianos en un arranque de violencia indiscriminada. Pero el ensañamiento no fue solo con hombres, sino que incluyeron mujeres y niños, siendo una de las grandes matanzas de la historia, en nombre de la Fe, cerca de 40.000 personas, esta acción alimentó el eterno odio entre musulmanes y cristianos.

Según las crónicas de la época: en las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre nos llegaba hasta la rodilla. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias.

Antes de su marcha los líderes cristianos tomaron la decisión de quien debía gobernar la ciudad recién conquistada y del recién formado reino de Jerusalén.

Los candidatos a rey de Jerusalén eran cuatro : Raimundo IV de Sant-Gilles, conde de Tolosa; Roberto de Flandes; Godofredo de Bouillon y Roberto de Normandía. Después de mucho debatir se decidió que fuera Godofredo de Bouillon, acepto ser el gobernador, pero renunció al título de Rey, ya que no quería ser coronado en el mismo lugar donde fue coronado cristo con su corona de espinas y el día 22 de julio fue coronado y se puso el título de “Defensor del Santo Sepulcro”.

Raimundo partió en peregrinaje, y en su ausencia, el 1 de agosto, Arnulfo de Chocques fue elegido primer Patriarca Latino de Jerusalén. El 5 de agosto Arnulfo, tras consultar con los supervivientes de la ciudad, descubrió las reliquias de la Vera Cruz.

Fuentes:

Historia de las Cruzadas, por Steven Runciman, Alianza Editorial, 1973

Las Cruzadas vistas por los árabes, por Amin Maalouf, Alianza Editorial 2005.

La epopeya de las Cruzadas, Rene Grousset, 2002, Ediciones Palabra.

Las Cruzadas, por Wickipedia.

Batallas de las Cruzadas – Militaria- Ediciones Tiral (Varios autores)

 

 

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