El primer belén de la Historia surgió de la idea de San Francisco de Asís, quien pretendía que los habitantes de la ciudad italiana de Greccio pudieran ver y sentir por sí mismos la realidad de la pobreza en la que nació Jesús. Así, en 1224, se propuso “construir” una recreación viviente de la noche en la que nació Jesús, para lo que pidió ayuda a Juan Velito, un amigo suyo que tenía propiedades en el bosque de Greccio. Velito levantó todo un escenario siguiendo las instrucciones de San Francisco de Asís: construyó un altar donde dar misa y en una gruta del bosque colocó un montoncito de paja entre un burro y una vaca.

En aquel altar, a media noche, San Francisco de Asís dio una misa a la que acudieron todos los habitantes de Greccio y algunas ciudades cercanas.

Cuenta la leyenda que en un momento de la misa una figura de niño Jesús tallada por el propio Francisco de Asis cobró vida y extendió sus brazos hacia el religioso. Desde entonces la idea del Belén cobró tanta fama que cada familia ponía uno en su casa.

La palabra pesebre deriva del latín praesepem, cuyo significado original era el de “cajón para la comida de los animales”. El buey, símbolo de San Lucas Evangelista, representa la paciencia y el trabajo, mientras que la mula, animal que acompaña a la Virgen en el nacimiento, es símbolo de humildad.

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