En la Edad Media era muy común que las disputas entre personas se resolvieran mediante ordalías o juicios de Dios.

Se creía que Dios intercedería por una de las partes, la que estuviera en posesión de la verdad por medio de un milagro, por lo que los litigantes se sometían a situaciones límite, donde casi siempre estaban presentes el agua o el fuego.

Algunas ordalías consistían en:

  1. Arrojar a una persona al río atada de pies y manos
  2. Meter las manos en aceite hirviendo
  3. Poner en las manos unas barras de hierro al rojo vivo
  4. Caminar sobre ascuas candentes o fuego descalzos
  5. Ingerir un pedazo de pan sin masticar y no atragantarse.

Como es de suponer, se esperaba que Dios salvara a alguno de los litigantes, pero esto no pasaba nunca.

Las clases dirigentes empezaron a ponerse en contra de estas practicas, incluso la Iglesia en 1215 llegó a prohibirlos.

Pero a pesar de todo se seguían haciendo a escondidas y se tiene constancia de que el último documentado fue en Inglaterra en 1817, parece ser que a partir de esta fecha como se crearon los cuerpos de policía y empezaron a ser la pruebas las que decidían en caso de litigio.

 

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