Además de las ocupaciones a nivel civil que cada templario tiene que acometer y repartirse siguiendo las órdenes de su comendador y de las de tema de su servicio militar, los templarios son principalmente monjes y como tal tiene obligaciones, las cuales se dividen en horas canónicas.

Según la regla de los templarios se reitera y se destaca la primacía absoluta de la religión, sobre los demás aspectos de la vida.

Según esta regla: “Todo hermano del Temple  debe saber que no hay nada a lo que esté tan obligado como a servir a Dios, y en ello debe poner toda su aplicación y su entendimiento, especialmente en oír el santo servicio; porque nadie debe faltar ni hurtarse a ello en tanto que pudiere. Porque, como dice nuestra regla, si amamos a Dios, debemos escuchar y comprender en agrado sus santas palabras”

La primera obligación que tiene todo templario es la de  conservar con sumo esmero la capilla templaría y comportarse dignamente cada vez que se encuentre en ella. Debiendo vestir adecuadamente no pudiendo vestir descuidadamente o con escasa ropa ya que esto está totalmente prohibido. Cuando se canten las horas, hay que presentarse con el manto anudado al cuello o cerrado por el broche.

Cuando se llame a maitines, a las cuatro de la madrugada en invierno y a las dos en verano, el templario se levanta se viste y se dirige a la capilla. Puede permanecer en ropa de dormir (camisa, calzón y pequeño cinturón) pero debe tener sus calzas y sus zapatos puestos y sobre todo el manto anudado.

Ningún hermano templario puede excusarse de acudir a maitines, salvo ocupación de causa mayor o enfermedad y con autorización del comendador. En la capilla, los hermanos oyen cantar maitines en silencio. Deben rezar o escuchar trece pater noster, aunque se recomienda que se recen trece por Nuestra Señora y otros trece más por el santo de ese día.

Cuando salgan de la capilla después de los maitines deben ir a las cuadras para ver a los caballos y dar las órdenes pertinentes a los escuderos, no se les puede reprender, solo hablarles tranquilamente. A continuación pueden volverse a acostar, pero antes de dormirse deben  haber rezado un pater noster  para que Dios les perdone cualquier falta menor que hubiese cometido o roto la regla de silencio.

Cuando suena la campana de primas, se viste, se calza y se dirige a la capilla lo más rápidamente posible. Es el momento en que se celebra misa, que debe oírse devotamente y en toda su extensión.

Si se celebraran dos misas durante la mañana, se aconseja a los hermanos que las sigan, lo que no les dispensará, sin embargo, de escuchar las horas tercia y de mediodía. En cualquier caso, está terminantemente prohibido ingerir cualquier alimento, sea éste el que fuere, antes de haber  rezado los sesenta pater noster obligatorios: treinta por los muertos y treinta por los vivos.

Antes de la comida en común se da la bendición y se reza un padrenuestro, se deben dan las gracias en la capilla al salir del refectorio o comedor, luego se oyen las vísperas y las horas nona y completas.

Cada una de las horas se acompaña de trece o de dieciocho pater noster; los que se dedican a la Virgen se rezan o se escuchan de pie, y sentados aquellos que se dediquen al santo del día.

Las plegarias por Nuestra Señora inician y concluyen la jornada de todo caballero templario

Las misas y las oraciones están jalonadas de genuflexiones por un espíritu de penitencia, salvo en Vísperas y en la vigilia de la Epifanía; evidentemente los hermanos viejos o enfermos están dispensados de este acto.

Éstas son las disposiciones ordinarias que regían la vida religiosa de los hermanos. Aunque algunos días concretos, coincidiendo con alguna celebración se acompañan, de algunas obligaciones especiales.

  • El primer miércoles de Cuaresma, cuando el capellán comienza la letanía que sucede a los siete salmos de la penitencia, los caballeros templarios se arrodillan sobre su manto
  • El miércoles de Ceniza, el capellán les echa ceniza en la cabeza
  • El Jueves Santo, el limosnero debe preparar a trece pobres a quienes los hermanos están obligados a lavar los pies (con agua caliente), después de besarlos. Después de esta ceremonia, que se desarrolla en presencia del capellán con sobrepelliz y llevando la cruz, el comendador da a cada uno de los pobres dos panes, dos denarios y un par de zapatos nuevos.
  • El día de Viernes Santo los hermanos adoran la cruz con gran devoción y con los pies desnudos, ayunan a pan y agua y comen en una mesa sin mantel.

Los ayunos son obligatorios todos los viernes desde el día de Todos los Santos hasta Pascua, salvo el viernes de Navidad.

Hay procesión el día de Navidad, el de la Anunciación, el de la Purificación de la Virgen, el domingo de darnos, el día de Pascua, el de la Ascensión, el de Pentecostés, el de la Asunción y el de la Natividad de Nuestra Señora, el de Todos los Santos y también el del santo a quien esté dedicada la capilla de la encomienda.

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