La influencia de la iglesia tuvo gran importancia en los hábitos alimenticios de los hombres del medievo; el consumo de carne estaba prohibido durante casi una tercera parte del año para la mayoría de los cristianos así como todos los productos de animales como los huevo y lácteos que eran generalmente prohibidos durante los periodos de Cuaresma y periodos de ayuno.

Las verduras y el pescado nunca estaban prohibidos.

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