El Asedio de Nicea (actual Iznik)  tuvo lugar entre el 14 de mayo y el 19 de junio del año 1097, durante la Primera Cruzada, . Fue el primer enfrentamiento entre el ejército cruzado y los turcos selyúcidas, que terminó con la victoria cruzada y la captura de la ciudad por parte del ejército cruzado.

La ciudad

La ciudad estaba protegida por una gruesa muralla de la época romana, de  5 kilómetros de perímetro, 10 metros de altura y coronada por 240 torres que cercaban los tres lados de la ciudad, distando cada torre 30 metros de distancia de la anterior, con lo cual cualquier movimiento de tropas era visible para los vigías de las mismas y por tanto un blanco fácil. Esta muralla tenía forma de “D” y la sección occidental de la muralla (la cara recta de la “D”) estaba junto al lago Ascanio, lo cual implicaba que si el ataque no contaba con apoyo marítimo, los sitiados podían concentrar la defensa solamente en la mitad de la muralla.

El asedio

Tras múltiples acuerdos y juramentos tomados entre el emperador Alejo Comneno y los principales generales cruzados, el ejército cruzado comenzó a movilizarse para abandonar Constantinopla a finales de abril de 1097. Godofredo de Bouillón fue el primero en llegar a Nicea seguido de Bohemundo de Tarento, el sobrino de éste, Tancredo, Raimundo IV de Tolosa y Roberto II de Flandes, acompañados de Pedro el Ermitaño, algunos supervivientes de la Cruzada de los Pobres y un pequeño contingente de tropas bizantinas lideradas por Manuel Boutoumites. El 6 de mayo llegaron a la ciudad, con escasas provisiones, por lo que Bohemundo ordenó traer alimentos tanto por tierra como por mar. El asedio comenzó el 14 de mayo, asignándose diferentes tropas del ejército cruzado a diferentes secciones de los muros de la ciudad, que se encontraban fuertemente defendidos por 200 torres. Bohemundo acampó en la zona norte de la ciudad, Godofredo en el este y Raimundo y Ademar de Puy en el sur.

La derrota de Kilij Arslan

El 16 de mayo los defensores turcos salieron de la ciudad para atacar a los cruzados, pero fueron derrotados rápidamente perdiendo 200 hombres. Viéndose así en una situación desesperada, los turcos enviaron mensajes a Kilij Arslan suplicándole su regreso, el cual, al darse cuenta de la peligrosa amenaza que suponían los cruzados, regresó rápidamente a Nicea.

El sultán estaba ausente de la ciudad, pero regresó el 21 de mayo , atacando a las tropas de Raimundo de Tolosa , con el obispo de Puy al mando del flanco derecho, pero los refuerzos comandados por  Roberto de Flandes, ayudaron a Raimundo a repeler el ataque y estos para desmoralizar a los sitiados cortaron las cabezas de los cadáveres y las lanzaron por encima de las murallas.

Alejo I  reforzó con dos mil infantes bizantinos la Cruzada, mandados por Tatikios, los cuales atacaron por el lado terrestre apoyados por unas estructuras de madera, con ruedas, y techo metálico, en cuyo interior, los zapadores socavaban la muralla, protegidos por arqueros y catapultas. También les proporcionó alimento suficiente para la tropa, no así para los peregrinos que sufrieron una hambruna.  

El resto de los cruzados fueron llegando a Nicea lo largo del mes de mayo y principios de junio, con Roberto II de Normandía y Esteban de Blois a la cabeza. Mientras tanto, Raimundo y Ademaro comenzaron a construir una gran máquina de asedio que fue colocada en la Torre Gonatas con el fin de mantener ocupados a los defensores de los muros mientras los zapadores iban minando los cimientos de la torre desde abajo. La torre fue dañada pero no se llegó a derribar.

Llegada de las tropas bizantinas

El emperador bizantino Alejo I no acompañó a los cruzados en su campaña, sino que avanzó detrás de ellos y estableció su campamento cerca de Pelecanum. Desde allí, envió por tierra los botes que necesitaban los cruzados para cruzar el lago Ascanio, el cual había sido utilizado hasta ese momento por los turcos para aprovisionar a la ciudad de alimento. Los botes, cargados de “turcoples” (arqueros mercenarios), llegaron el 17 de junio, al mando de Manuel Boutoumites. Los generales Taticius y Tzitas también fueron enviados junto a 2.000 peltastas.

La mujer del sultán de Nicea, tras el consejo de su marido Kilij Arslan, había escrito a Alejo solicitando su ayuda tras la rendición y retirada de Kilij Arslan, por lo que dio órdenes a Boutoumites de negociar en secreto y al margen de los cruzados, la rendición de la ciudad. Taticius fue el encargado de unirse a los cruzados y llevar a cabo un asalto directo a los muros, mientras que Boutoumites intentaría hacer lo mismo, de forma que pareciera que los bizantinos habían capturado la ciudad. Tras la maniobra, el 19 de junio lo turcos se rendían a Boutoumites.

Mientras el ataque a las murallas progresaba: el conde Isángeles consiguió derribar una torre de su sector y los bizantinos habían cerrado el acceso al lago vecino, por donde los de Nicea recibían provisiones y refuerzos, con una flota de barcas especialmente preparadas de las que los cruzados carecían.

Mientras la sultana, viendo la situación desesperada, se resignó a rendir la ciudad a los imperiales. Estos usaron un método audaz para tomarla, de forma que el ejército cruzado fuera burlado. Un día, al lanzarse al asalto en su sector de muralla, los turcos, previamente advertidos, les dejaron vía libre. Entonces se alzó la bandera del emperador en todas las puertas y la ciudad cayó en manos de los bizantinos prácticamente sin combatir. Por la noche, las tropas imperiales, compuestas sobre todo por mercenarios turcos, cruzaron el lago con barcas y se apoderaron de ella.

Cuando los cruzados se dieron cuenta de la estratagema de Alejo, se mostraron decepcionados y enfadados, puesto que no pudieron saquear la ciudad para obtener dinero y provisiones. Boutoumites fue nombrado duque de Nicea y prohibió la entrada de los cruzados a la ciudad en grupos superiores a 10 personas al mismo tiempo. Boutoumites también expulsó a aquellos generales turcos de los que desconfiaba (de hecho, estos hombres intentaron tomar como rehenes a los guías bizantinos para negociar con el emperador). La familia de Kilij Arslan fue enviada a Constantinopla, pero finalmente fueron puestos en libertad sin pedir rescate. Alejo I dispuso de inmediato un donativo de comida para cada soldado, mientras sus jefes fueron convocados, en Pelecano, donde se les regaló oro y piedras preciosas del tesoro del sultán. El mismo Esteban de Blois quedó impresionado por la montaña de oro que le entregaron, después Alejo I pidió a  los caballeros que no le hubieran prestado su juramento, que lo hicieran ahora. Todos lo hicieron, salvo Tancredo que le pidió más botín para poder hacerlo, aunque finalmente aceptó.

El sultán se retiró al interior del país, eligiendo Konga, como nueva capital, cuyos descendientes conservaron hasta el siglo XIV.

Consecuencias

Los cruzados abandonaron Nicea el 26 de junio, dividiéndose en dos contingentes. El primero, en la vanguardia, estaba formado por Bohemundo, Tancredo, Roberto de Normandía, Roberto de Flandes y Taticius, y el segundo de ellos, en la retaguardia, estaba formado por Godofredo, su hermano Balduino de Bolonia, Esteban de Blois y Hugo de Vermandois. Taticius, como enviado bizantino, tenía instrucciones de asegurar la entrega de todas las ciudades conquistadas al imperio.

Tras su primera victoria, los cruzados avanzaban con la moral alta, como se puede apreciar en las cartas de Esteban a su mujer Adela de Blois, donde le indica que llegarán a Jerusalén en cinco semanas. El 1 de julio se enfrentan y vencen de nuevo a Kilij Arslan en la batalla de Dorilea y en octubre alcanzan la ciudad de Antioquía, donde comienza un largo asedio. No llegarán a Jerusalén hasta junio del año 1099, dos años después de su salida de Nicea.

Comandantes Cruzados:

Raimundo de Tolosa
Godofredo de Bouillón
Bohemundo de Tarento

Comandantes Bizantinos

Manuel Boutoumides  

Tatikios

Tzitas

Comandantes Selyucidas:

Kilij Arslan I

El ejército cruzado estaba formado por:

Cruzados:
30.000 infantes y 4.200-4.500 caballeros

Bizantinos:
2.000 arqueros

El ejército Selyucida:

El ejercito de la ciudad y 1000 hombres que llegaron para reforzarlos.

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