La Tregua de Dios se estableció en el Siglo XI, y prohibía los enfrentamientos bélicos desde la noche del viernes a la mañana del lunes. En un paso posterior se incluyó en la tregua el Adviento y la Cuaresma.

Estos esfuerzos se hacían así para limitar los daños de las guerras privadas que no podían ser suprimidas de raíz. La pena era la excomunión.

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