El hombre medieval creía que algunas enfermedades podían ser curadas por la imposición de manos del rey, lo que se llamaba “Toques reales” (creencia muy arraigada en Francia), que motivó la costumbre de acudir al rey para curarse de cualquier enfermedad, a través de la imposición de las manos, uso que se prolongaría hasta el siglo XVII.

Igualmente los ingleses creyeron que algunos de sus monarcas eran capaces de obrar el prodigio, como Eduardo el Confesor

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