Trae buena suerte tener una herradura colgada de la puerta de la casa.

El origen de esta superstición es una leyenda medieval en la que un misterioso caballero le encarga a un herrero un par de herraduras para sus pies, que resultaron ser pezuñas. Al verlas, y sospechando que el caballero era el mismísimo diablo, el herrero hizo lo posible porque el ponerle las herraduras fuese dolorosisimo, hasta que el diablo pidió compasión y prometió no volver a entrar en una casa en la que hubiese una herradura en la puerta.

Anuncios