Los hechos se desarrolan a partir de mayo del 1212, cuando un pastor francés de nombre Esteban de Cloyes, se presenta en la corte del rey Felipe II con una carta que, según afirmaba, le había sido entregada por Jesucristo en persona, el cual le encargaba predicar la nueva cruzada. El rey no lo tomó en serio, enviándole de regreso a casa, pero Esteban cayó en una especie de delirio místico anunciando que sería él quien encabezaría una cruzada de niños para salvar al cristianismo.

Al cabo de un mes millares de niños y niñas, simples aldeanos e hijos de familias nobles, así como algunos religiosos, vagabundos y prostitutas salieron de Vendôme en julio hacia el sur. La noticia de esta cruzada infantil francesa originó en Alemania un movimiento de similares características, en este caso a partir de un joven aldeano conocido como Nicolás que inició en Colonia la predicación de la cruzada, reuniendo, según crónicas de época, a unos 20.000 “cruzados”.

Uno de los enigmas de este movimiento es que los padres y autoridades eclesiásticas los tomaran en serio y ninguno interviniera para detener tamaña insensatez, sabiendo que con anterioridad habían fracasado en la misma empresa ejércitos enteros de soldados profesionales.

Fue un fracaso muchos murieron por el camino de hambre y enfermedad, otros se cree que fueron vendidos, pero circulan muchas teorias al respecto.

50 años después de este lamentable hecho se comenzó a tejer la “leyenda” de un músico que, con su flauta, encantó y se llevó de los pueblos y villas a 130 niños. Muchos años más tarde los niños se substituyeron por ratas (recuerden la peste negra que asoló Europa en el siglo XIV). Así nació el cuento del flautista de Hamelin

Anuncios