La cruzada de los pobres.

La convocatoria

El llamamiento de Urbano II produjo dos consecuencias inmediatas: por un lado la organización, a cargo de la nobleza, de una expedición oficial, militar y organizada a Tierra Santa; por otro, el movimiento espontáneo del pueblo, de hombres y mujeres anónimos que, entusiasmados por las promesas papales, se pusieron bajo el mando de Pedro el Ermitaño, para que éste guiara la cruzada popular.

Si bien no hay constancia de que Pedro hubiese estado presente en el llamamiento oficial de Urbano en Clermont, lo cierto es que antes que acabara 1095 ya andaba predicando por pueblos y zonas campesinas de Francia la necesidad de la cruzada.

Tal  fue el seguimiento que hicieron estas masas a Pedro el Ermitaño que a pesar queel papa Urbano II había planeado la partida de la cruzada para el 15 de agosto de 1096 coincidiendo con la festividad de la Asunción de María, se puso en marcha antes de dicha fecha formando un ejército desorganizado y mal provisto formado por campesinos y pequeños nobles bajo la dirección de Pedro el Ermitaño con la intención de conquistar Jerusalén por su cuenta.

Dirigidos por los predicadores, la respuesta de la población superó todas las expectativas: Si bien Urbano II había contado con la adhesión a la cruzada de unos pocos miles de caballeros, se encontró con una verdadera migración de unos 40.000 cruzados, si bien dichas cifras estaban compuestas en su mayor parte por soldados sin experiencia, mujeres y niños. Otras fuentes aseguran que eran 100.000 las personas que se unieron a dicha convocatoria.

La mayoría carecía de armas, otros se habían llevado las herramientas, enseres de la casa y ganados, como si se tratara de un corto viaje.

El 12 de Abril se juntaron los seguidores de Pedro en la ciudad alemana de Colonia, tanto los venidos de Francia guiados por Gualterio Sans-Avoir. Aquí en Alemania Pedro consiguió que se le unieran algunos personajes de la baja nobleza alemana como el Conde Hugo de Tubinga, el Conde Enrique de Schwarzenberg. Gualterio de Teck y los tres hijos del conde de Zimmern.

Los franceses se mostraban impacientes y su jefe decidió emprender la marcha hacia Constantinopla. Pusieron rumbo al Reino de Hungría al llegar a su frontera el día 8 de mayo, le pidieron al Rey Colomán permiso para atravesar su territorio y solicitarle provisiones, lo cual este concedió. El ejercito paso por el territorio sin muchos incidentes llegando a la frontera bizantina, atravesando el río Save.primera cruzada

Sin embargo en este territorio bizantino si hubo incidentes, en Belgrado Gualterio solicito víveres para su ejército, al no poderles satisfacer los pobladores de la ciudad por no disponer de ellos, el ejercito empezó el pillaje en los alrededores de la ciudad, a consecuencia de esto el comandante de esta ciudad, recurrió a las armas y en estos enfrentamientos murieron algunos acompañantes de la cruzada.

Gualterio por fin puso rumbo a Nish donde estuvo esperando el permiso para ir a Constantinopla llegando allí a mediados de Julio.

Nada disciplinados, saqueaban las aldeas por las que pasaban para conseguir víveres y provisiones sembrando el terror, sobre todo, entre la comunidad judía.

Sin embargo, los mayores estragos los cometieron a su paso por el Reino de Hungría.

El problema principal que esta cruzada encontró era el del aprovisionamiento, esto unido a que algunos componentes sin escrúpulos que vio que ante el amparo de la cruzada, una gran oportunidad de enriquecerse y saquear las ciudades y pueblos que encontraban a su paso.

Tras los pasos de los caballeros franceses, entraría en el Reino de Hungría el ejército de Pedro El Ermitaño, el cual sería escoltado a través del reino por las fuerzas húngaras de Colomán. Sin embargo, luego de que los cruzados de Pedro atacasen la ciudad y mataron a cerca de 4000 húngaros, también capturaron un gran almacén de provisiones. Ante la posible represalia del rey Colomán, cruzaron el río que Save que era la frontera entre Hungría Y el Imperio Bizantino.

Seguidamente tomaron rumbo a Belgrado, donde incendiaron la ciudad, después de saquearla, ya que quedó abandonada por sus habitantes ante el miedo de este numeroso ejército. Luego partió hacia Nish donde llegaron tras siete días de marcha a través de bosques llegando el día 3 de Julio. Allí Pedro pidió al gobernador, Nicetas suministros y provisiones para su ejército. En esta ciudad pudieron aprovisionarse de víveres e incluso muchos habitantes dieron limosna a los más pobres y algunos  incluso se unieron a la peregrinación.

Salieron para Sofía pero un grupo de rezagados prendieron fuego a varios molinos fuera de la ciudad, antes este hecho Nicetas envió tropas para atacar la retaguardia y coger rehenes. Pedro cuando se enteró del incidente volvió para hablar con Nicetas, y mientras estaban en dicha negociación parte del ejército cruzado ataco algunas de las fortificaciones de la ciudad, Se entablo una serie de enfrentamientos en las que el ejército cruzado perdió uno 10.000 hombres.

El  12 de julio llegaron a Sofía, donde les esperaba una escolta para acompañarlos hasta la Capital del Imperio donde les esperaba el emperador Alejo I. Alli se reunieron todas las tropas venidas desde diferentes sitios.

Por otra parte, considerando la situación, el rey húngaro Colomán permitió la entrada a los ejércitos cruzados de Volkmar y Gottschalk, a quienes eventualmente también tuvo que enfrentarse y derrotarlos cerca de Nitra y Zimony, ya que igual que los otros grupos anteriores causaron incalculables estragos y asesinatos en Hungría. Seguidamente, los húngaros detuvieron las fuerzas del Conde Emiko cerca de la ciudad de Mosony, y al poco tiempo, el rey húngaro forzó a Godofredo de Bouillón a firmar un tratado en la Abadía de Pannonhalma, donde los cruzados se comprometían a pasar por el territorio húngaro con un buen comportamiento. Tras esto, las fuerzas salieron de los territorios húngaro escoltadas por los ejércitos de Colomán y continuaron hacia Constantinopla.

Llegada a Asia Menor

En el difícil trayecto murieron unas diez mil personas, cerca de un cuarto de las tropas iniciales de Pedro, si bien el resto llegó a Constantinopla en agosto en relativas buenas condiciones. Una vez ahí volvieron a surgir tensiones debidas a las diferencias culturales y religiosas y a las reticencias a repartir provisiones entre un número tan grande de personas. Para complicar aún más las cosas, los seguidores de Pedro se unieron a otros cruzados provenientes de Francia e Italia.

Alejo I había aconsejado a Pedro el Ermitaño que acampara y esperara a los otros cruzados que provenían del resto de Europa, pero los lugartenientes de Pedro se impacientaron y decidieron seguir la travesía, animados por los botines que conseguían en el camino. Finalmente, el emperador Alejo Comneno decidió embarcar rápidamente a los 30.000 cruzados para que cruzaran el Bósforo, quitándose cuanto antes ese problema de encima.

Tras cruzar a Asia Menor, los cruzados comenzaron a discutir entre ellos y el ejército se dividió en dos partidas separadas. Desde allí, la multitud se internó en territorio turco, consiguiendo una victoria inicial, pero descuidando absolutamente la retaguardia. La experiencia militar de los turcos era demasiado para el inexperto ejército cruzado, sin conocimientos prácticos en el arte de la guerra.

El 21 de octubre de 1096, Pedro se hallaba en Constantinopla para obtener más apoyo de Alejo I, aprovechando esto los jefes de la expedición junto a un ejército de unos veinte mil hombres, marchó sobre Nicea, donde los turcos emboscados les infligieron una severa derrota y solo unos tres mil sobrevivieron, en retirada acabaron refugiándose en una fortaleza en ruinas en la misma costa, donde pudieron ser socorridos por una flotilla bizantina.

Pedro el Ermitaño y un reducido número de supervivientes que regresaron a Constantinopla, esperaron la llegada de los caballeros cruzados. La cruzada Popular toco a su fin. Quedaron miles de vidas en el camino y sacaron como conclusión que la fe por sí sola, sin planificación, ni disciplina podría conquistar Jerusalén.

Pedro se enroló como capellán de estos ejércitos, mejor preparados y dirigidos por la nobleza europea

Esta otra expedición, respuesta a la misma convocatoria del papa Urbano II, pero organizada desde el punto de vista militar y social por la nobleza de varias monarquías europeas, recibe el nombre de Cruzada de los príncipes y es la que la historiografía suele denominar habitualmente como Primera Cruzada

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