La figura de la encomienda era gobernada por el comendador, que cumplía la doble función de administrador y de jefe de la comunidad religiosa. Este último cargo era bastante más riguroso, pues entre sus funciones estaba la de velar por el cumplimiento del retrais.

La regla templaria está ajustada a las condiciones de la vida de un monje guerrero (bueno… Para entendernos. Reivindiquemos la figura de FREIRE), lo que implica que debe evitar toda práctica ascética que pueda dañar su salud. De hecho, el templario tiene derecho a cierta comodidad: tiene ropa adaptada tanto para el calor como para el frío (artículo 20), tiene ropa de cama (artículo 21) e, incluso, la regla recomienda a los hermanos que permanezcan sentados durante los oficios (artículos 15 y 16). Pero no acaba aquí la cosa, sino que hay enormes diferencias con el comportamiento monacal “tradicional” en lo tocante a la alimentación: El templario hace dos comidas diarias -a excepción de los periodos de ayuno, que es sólo una-, pero por autorización del maestre o del comendador correspondiente se puede autorizar una tercera comida… Y el templario come carne tres veces a la semana (artículo 26). Mas no acaba aquí la cosa: Varias veces se ofrecen dos o más clases de comidas -si los recursos de la encomienda lo permiten-, con objeto que si no pueden comer de una, coman de otra (artículo 185).

Las comidas transcurren en silencio, mas con reservas: el templario no conoce los signos que usa un cluniacense para pedir cosas en la mesa, así que se le permite hablar con discreción para no molestar al lector que lee pasajes bíblicos.

Vamos con las obligaciones menos populares: el templario no debe permanecer ocioso. Cuando el comendador no le ordene algo, debe ocuparse de su bagaje, caballo y armamento, ordenando las reparaciones precisas en caso necesario (artículo 285). En cuanto al entrenamiento para el combate, el templario no podía servirse de justas y cacerías -las tiene prohibidas-, se servía de maniobras “in situ”, entrenamiento con combate simulado hermano vs hermano, de los desplazamientos entre encomiendas y de concursos internos y apuestas de tiro de arco y ballesta donde se premiaba al vencedor con objetos sin valor añadido (artículo 317).

Los servicios religiosos son una parte importante de la vida cotidiana de un templario. La regla considera el caso de que los freires no puedan celebrar sus oficios porque sus deberes militares se lo impiden, incluso permite agrupar los oficios de prima, tercia y sexta en uno solo (artículo 10) e, incluso, sustituir los oficios por oraciones en casos particulares. no obstante, excluyendo estos casos de fuerza mayor, han de regirse como religiosos en todos los sentidos, con sus oficios religiosos y oraciones “de oficio”. Este comportamiento, al igual que el combate, permitía crear un espíritu de cuerpo.

El servicio divino estaba asegurado por un capellán miembro del Temple, pero ello no dispensaba al templario de recurrir a un sacerdote externo a la orden. Pues no todas las encomiendas disponían de un hermano capellán, y este capellán no dispone de un poder de absolución ilimitado: No puede “juzgar” a un templario acusado de asesinar a un cristiano o a otro acusado de simonía. Además, un templario puede acudir al sacerdote que prefiera (eso se recuerda expresamente en una bula pontificia de principios del XIV, y durante el juicio hubo franciscanos que declararon haber recibido confesiones de templarios).

Así y todo hubo abusos en ese aspecto. Se sabe que maestres y comendadores -no ordenados- absolvieron a veces los pecados de sus hermanos (cosa que no podían hacer).

Más cosas de la vida cotidiana de un templario: Tenía el deber de dar limosna y practicar la caridad y la hospitalidad. Debían comportarse como “pobres caballeros de Cristo” -hacer voto de pobreza implica también ayudar a los pobres- . Al final de las comidas, se distribuían los restos entre los más desfavorecidos. Las casas del Temple debían acoger a los huéspedes de paso -carga especialmente pesada para la casa de Jerusalén-. ¡OJO! La actividad “hospitalaria” de las casas templarias no era comparable a las del Hospital (no llegaba ni a la décima parte). Tened en cuenta que la caridad y la hospitalidad no forman parte de las misiones de la orden, como sí de las del Hospital.

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