Película: La sangre de los templarios

Título original: Das Blut der Templer

Dirección: Florian Baxmeyer

Guion: Stefan Barth, Kai-Uwe Hasenheit

Fotografía: Gerhard Schirlo

Música: Siggi Müller, Egon Riedel 

Año: 2004.

Duración: 180 min.

Interpretación:  

Harald Krassnitzer (Robert von Metz), Mirko Lang (David), Peter Franke (Quentin), Alicja Bachleda-Curus (Stella), Catherine Flemming (Lucrezia de Saintclair), Oliver Masucci (Ares de Saintclair), Ralph Herforth (Cedric Charney), René Ifrah (Shareef), Saulius Balandis (Gottfried), Stephan Barth (Phillip le Beau), Zdenek Dvoracek (Pagan), Michal Grün (Tyros), Mario Holetzeck (William Blanchefort), Martin Hub (Vicomt Montville), Marek Jelinek (Kama), Petr Kadlec (Philip Moray), Valentinas Klimas (Jack de Molay), Dimo Liptkovsky (Armand de Bures), Jan Loukota (Simon), Vytautas Rumsas (Jacob de Loyolla), Gediminas Storpirstis (Rene d´Anjou), Antanas Surgaitis (Raimund d´Antin), Romualdas Urvinis (Thadeus)

Sinopsis: Escocia, año 1982. Robert de Metz, Gran Maestre de la Orden de los Templarios, guardianes del Santo Sepulcro, acompañado por dos hombres de confianza, acceden al castillo de Rosslyn, donde a los hermanos Pagan y Ares Saintclair se atrincheran siguiendo instrucciones de su hermana Lucrezia. La astuta y despiadada Lucrezia es la Gran Priora de la secreta Orden del Priorato de Sion, rama separada de los Templarios hace 700 años que desde entonces tratan de instaurar el dominio del mal. Lucrezia es enemiga de De Metz, pero es también la madre del hijo de ambos, David, que finalmente será secuestrado por De Metz y sus hombres gracias a su espada mágica y su sangre especial, que le hace invulnerable. Han pasado diecisiete años desde entonces y David se ha convertido en un joven rebelde que complica la vida a sus profesores en la escuela donde asiste, un lugar idílico situado en los Alpes bávaros. David está enamorado de una compañera de clase, Stella de Anjou, una jovencita de familia aristócrata que se rebela contra un padre estricto que no aprueba esta relación. David cree que sus padres han muerto. No sabe absolutamente nada de su origen ni de los seguidores de su padre, que lo vigilan constantemente. Ha crecido bajo la protección de Quentin, un padre jesuita y su profesor de religión. Quentin no ha perdido de vista a David desde que ha recibido la visita de De Metz ya que le preocupan una serie de misteriosas alusiones. Como la mayoría de la gente, cree que la Orden de los Templarios fue aniquilada en el siglo catorce y con ella desapareció su poder. Cuando la sangre de David es analizada después de una pelea del joven en una fiesta, el Padre Quentin se queda perplejo: la sangre del chico se congela inmediatamente y las heridas más profundas se curan por sí solas a gran velocidad. De esta forma David descubre que no es como los demás. Pronto conocerá su verdadera identidad pues está destinado a dirigir el destino de la Orden. Ayudado por Stella, tendrá que hacer frente a la Hermandad enemiga que no desea otra cosa que la muerte de David para acabar de una vez por todas con los Templarios.

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