Era el comandante militar, responsable del adiestramiento y de la disciplina. Ostentaba el máximo mando militar. Era el jefe militar que velaba por la disciplina interna de la hueste y el responsable del mantenimiento y adquisición del armamento y de los caballos.

Gobernaba también las armas, armaduras, máquinas de asedio, municiones y las guarniciones de los caballos. Él distribuía a las milicias y daba las órdenes tácticas. Su misión también era la de comprobar las monturas y mulas de carga, bajo el consentimiento del Maestre. Impartía las órdenes cada jornada, incluso en presencia de aquél.

Podía tomar el mando en la batalla por ausencia del Maestre o del Senescal (así como celebrar Capítulo sin estos presentes), y es el que porta el beaussant como señal de reunión y con la caballería hace de punta de lanza.

Al igual que sus superiores poseía un séquito que constaba de dos escuderos, un sargento y un indígena turco.

Los mariscales provinciales, por su parte, ejercían la autoridad en su correspondiente provincia, si bien debían obediencia al mariscal general de la Orden.

Cuando van armados “todos los hombres de la Casa están a las ordenes del Mariscal”. No puede ser designado Comendador de una Provincia a menos que haya sido relevado de las funciones de Mariscal.

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