EL SECRETO DEL SANTO GRIAL
Claves ocultas de la reliquia sagrada 

Sin duda alguna, el Grial es la reliquia más célebre de la cristiandad. Y, sin embargo, es al mismo tiempo el objeto sagrado más complejo y desconocido en cuanto a su simbolismo. El Nuevo Testamento sólo lo menciona al relatar el desarrollo de la Última Cena, describiéndolo como el cáliz utilizado por Cristo y sus discípulos. No será hasta cientos de años más tarde, a partir del siglo XII, cuando comienzan a extenderse por toda Europa una serie de tradiciones, poemas y romances medievales que añaden multitud de detalles sobre la historia de este objeto sagrado.

El primero de estos romances es Li contes del graal (El cuento del Grial), de Chrétien de Troyes, escrito a sugerencia del noble Felipe de Flandes en tomo al 1180. En él se relata la historia de un joven aprendiz de caballero, Perceval, quien durante su viaje se encuentra con un misterioso pescador que le informa de la existencia de un castillo en lo alto de una colina. Una vez en el interior de la fortaleza, Perceval asiste atónito, junto al dueño del lugar, al paso de un cortejo en el que un criado porta una lanza sangrante, mientras una joven hermosa sostiene un “grial” resplandeciente, aparentemente una bandeja, que sirve para sanar a un herido. Perceval se queda intrigado ante la comitiva, pero no se atreve a preguntar, pensando hacerlo al día siguiente. Sin embargo, cuando se despierta comprueba con asombro que no hay nadie en el castillo y ya no puede consultar sus dudas sobre lo que ha visto. Cuando prosigue su camino se encuentra con una doncella, que le explica que su anfitrión era el Rey Pescador (AÑO/CERO, 146) y que la comitiva era el cortejo del Grial, por lo que al no haber preguntado en su momento, perdió la oportunidad de curar al rey y recuperar la tierra yerma de aquellos dominios. Después de llegar a la corte del rey Arturo, el joven Perceval iniciará, tras su error inicial, la búsqueda del Grial. Sin embargo, el relato queda inacabado, y el lector se queda sin saber como finaliza la historia de Perceval…

Llama la atención en el relato de Chrétien la aparente ausencia de conexiones religiosas en la historia. Será en el siguiente romance, Joseph dAritmathe (José de Arimatea), obra del inglés Robert de Boron, donde se identifique por primera vez al Grial con el cáliz de la Ultima Cena, que habría servido también para recoger la sangre y el sudor de Cristo durante la crucifixión. En este caso la lanza citada por Chrétien se identifica con la de Longinos, el soldado romano que atravesó el costado de Cristo durante la Pasión. El relato de Boron describe la salida de José de Arimatea de Palestina -llevando consigo el cáliz sagrado recibido directamente de manos de Jesucristo-, y su viaje hasta Inglaterra, donde termina estableciéndose en Glastonbury, al sur del país. Allí funda la primera iglesia cristiana, dedicada a la Virgen María, y el Grial queda oculto en este templo.

Una piedra caída del cielo

El tercer texto de importancia que continúa el mito del Grial en época medieval -y sin duda alguna uno de los más sobresalientes- lo debemos al caballero alemán Wolfram von Eschenbach, autor de Parzival. Aquí el Grial ya no es la bandeja de El cuento de Chrétien, sino una extraña esmeralda caída de la mismísima frente de Lucifer -o de su corona, según otras versiones-, y que Wolfram llama lapis exillis o “piedra del cielo”. Más tarde esta piedra preciosa habría sido tallada por un ángel que la convirtió en copa y la entregó a Adán en el Paraíso, quien la custodió hasta su expulsión del Edén.

Quizá uno de los pasajes más interesantes y sugerentes del Parzival de Eschenbach es el que alude a sus “fuentes” de información. Según el caballero alemán, fue un trovador provenzal llamado Kyot quien le relató la historia del Grial. Este trovador había estado en Toledo y allí descubrió unos textos que aludían a la piedra esmeralda. No deja de ser significativo que este relato haga referencia a un objeto sagrado custodiado en Toledo, detalle que ha llevado a algunos autores a identificar esta piedra con la Mesa de Salomón -que también es mencionada por algunos como Tabla Esmeraldina- de la que hemos hablado en el artículo anterior.

No menos interesante resulta la identificación que Eschenbach hace de los caballeros del Grial  -aquellos que lo custodian- con los caballeros de la Orden del Temple. Wolrain denomina en su obra como templeisen  -templarios- a los guardianes del Grial. Algunos autores van incluso más lejos, y afirman que el propio Wolfram perteneció a la Orden. Fuera así o no, lo cierto es que parece haber cierta identificación entre los misteriosos custodios del Grial y los templarios. Un texto anónimo posterior al de Wolfram, titulado Perslesvaux, dice que los guardianes del sagrado cáliz eran ascetas y guerreros al mismo tiempo, y que ostentaban una cruz roja sobre túnica blanca, los distintivos de los caballeros de la Orden del Temple…

Resulta imposible averiguar hoy en día si el impulso de las historias del Grial en la Edad Media estuvo directamente vinculado con el Temple, pero lo cierto es que las leyendas y romances sobre la copa sagrada aparecen repentinamente, coincidiendo con el nacimiento de esa orden de monjes guerreros, y comienzan a perder fuerza cuando desaparecen los templarios.

¿Dónde está el Santo Cáliz?

Aunque los textos que acabamos de mencionar son sin duda los más conocidos, existen infinidad de tradiciones y leyendas que aluden al Grial casi en cualquier punto de la cristiandad. Muchas de estas historias incluso pretenden ofrecer pistas sobre el paradero del misterioso y sagrado objeto. Una de las primeras referencias sobre el Grial procede del diario de un peregrino del siglo VII llamado Arculf. Según éste, en su viaje a Jerusalén pudo ver el cáliz de Cristo, “una copa hecha de plata, con capacidad para una pinta”, custodiada en el interior de una capilla.

Más célebre es la tradición que señala a Glastonbury como escondite de dicha reliquia. De esta asociación se hace eco el texto ya mencionado de Robert de Boron, que sitúa a José de Arimatea en tierras británicas. Tras levantar el primer templo de la cristiandad, dedicado a María, habría fundado la Orden de los caballeros del Grial para custodiar el cáliz. En la actualidad Glastonbury se ha convertido en un lugar de peregrinación para los grupos más variopintos: católicos, protestantes, esoteristas, practicantes de cultos paganos, buscadores de tesoros… Algunos acuden por simple religiosidad, y otros porque, supuestamente, el Grial está escondido en sus proximidades. Muchos piensan que la copa sagrada se esconde en el Chalice Well o “pozo del cáliz”, del que manan aguas rojizas debido a su alto contenido en hierro. También hay otro pozo, el White Spring o “Fuente Blanca”, de aguas cristalinas. Ambos manantiales simbolizarían la sangre y el sudor de Cristo recogidos en el Grial por José de Arimatea.

Más interesante resulta el cáliz de la catedral de Valencia, ya que en este caso, además de la leyenda, existe un vaso físico que sería el utilizado por Jesucristo en la última Cena. Cuenta la tradición que en el año 258, en medio de la terrible persecución que sufrieron los cristianos, el papa Sixto II entregó al diácono Lorenzo ?natural de Huesca? los bienes de la Iglesia. Antes de dejarse llevar al martirio, el religioso oscense pidió a un soldado cristiano que llevara el Cáliz -llegado a Roma gracias a San Pedro- hasta Loreto, una aldea de su ciudad natal. Así lo hizo, y de este modo comenzó el periplo del Grial por tierras peninsulares. Tras las persecuciones, el soldado cristiano levantó un templo en su honor, en el lugar que hoy ocupa la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca. Allí habría permanecido hasta la invasión musulmana, cuando fue trasladado para protegerlo hasta Yebra, Siresa, Balboa y Sasabe. Una vez pasado el peligro, el rey Ramiro I ordenó que se construyera la catedral de Jaca, y que la reliquia fuera custodiada allí. Pero su viaje no se detuvo. En el siglo XI fue nuevamente trasladado hasta el monasterio de San Juan de la Peña, donde permaneció durante tres siglos, hasta que inició de nuevo su andadura, pasando por el palacio de la Aljafería (Zaragoza), Barcelona y, finalmente, la catedral de Valencia, donde sigue hoy en día.

Como señala acertadamente Juan G. Atienza, las similitudes entre el cáliz de Valencia y el mencionado en las tradiciones artúricas son más que notables: “el primer indicio que obliga a establecer un paralelismo entre el Grial místico y el Cáliz de San Juan de la Peña es la constante alusión que, en los poemas artúricos, se hace al territorio peninsular ( … ). Un nombre como el del rey del Grial, Anfortas -el rey Pescador que sobrevive gracias a las virtudes curativas que posee la reliquia-, es paralelo al de Anfortius, que empleó en varias ocasiones el monarca aragonés Alfonso I el Batallador, gran devoto del Cáliz Pínatense, del que se dice que herido de muerte, logró sobrevivir refugiándose en el monasterio de la Peña”.

Por otro lado encontramos el llamado Cáliz de Antioquía, una copa descubierta en 1908 y que hoy puede contemplarse en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York. Las localizaciones se multiplican, y hoy en día distintos autores sitúan la sagrada reliquia en los más variados lugares, como la célebre capilla de Rosslyn (Escocia), en donde lo habrían ocultado los templarios tras su huída de Francia. 0 incluso en las cercanías de Montségur, uno de los últimos refugios de los herejes cátaros quienes, según muchos autores, también habrían custodiado el Grial…

Propiedades mágicas

Frente a la visión del Grial como objeto físico, encontramos otros estudiosos que lo interpretan como un símbolo. La creencia en un recipiente sagrado, provisto de propiedades mágicas no es exclusiva de la fe cristiana. Desde la antigüedad, casi todas las culturas han poseído tradiciones en las que se repite la imagen de un recipiente -ya sea bandeja, cuenco, caldero o copa- con propiedades sobrenaturales, cuyo significado es el del rejuvenecimiento, la inmortalidad y la transformación espiritual.

En la antigua Grecia, por ejemplo, existía la creencia de que Medea, la hechicera, había utilizado un caldero mágico para rejuvenecer al héroe Jasón hirviéndolo en su interior, y esta bruja se jactaba de poder convertir a un viejo carnero en un joven cordero mediante el mismo procedimiento.

También los celtas poseían creencias similares. Para éstos, el caldero mágico era un recipiente con el que conseguir el renacimiento, la inspiración y la abundancia. Según el escritor John Mathews, que ha investigado profundamente los mitos vinculados al Grial, “el símbolo del vaso sagrado en tanto que fuente de poder y causa de milagros es, por lo menos, tan antiguo como la Historia ( … ), la literatura acerca del vaso surgió tan repentinamente que resulta inevitable suponer que se basaba en un conjunto bien definido de mitos orales”.

Y, desde este punto de vista, todo parece indicar que las leyendas medievales son simplemente la “última manifestación” de un mito universal. Y, en efecto, si comparamos con detalle las antiguas creencias con las tradiciones medievales del Grial comprobamos que las similitudes entre ambas son numerosas, a pesar de que los romances medievales fueran dotándose de carácter cristiano.

Hoy la mayor parte de los estudiosos coinciden en esta interpretación simbólica. Esta alegoría de la búsqueda del conocimiento, ese paso de la ignorancia a la iluminación se vería representado, por ejemplo, en el person4je de Perceval descrito por Chrétien de Troyes. El joven aprendiz de caballero comienza su aventura como un analfabeto y, poco a poco, va alcanzando el conocimiento mientras avanza en su aventura. No parece tampoco casual el hecho de que la denominación que da Eschenbach a la “piedra del cielo”, lapsis exillis, recuerde tanto al lapis, la piedra filosofal de los alquimistas. Muchos autores identifican ambas piedras y señalan que el Grial es un símbolo de la transmutación interna o la búsqueda espiritual. Este verdadero significado explicaría por qué la Iglesia pareció mostrarse al margen de las historias que se extendieron en la Edad Media sobre el Grial y que para Roma no serían más que herejías.

Como explica Atienza, “detrás de cada conjunto de mitos y de esquemas está siempre la configuración de algo que contiene el secreto universal y que, una vez hallado por el hombre, le descubrirá el misterio último de la vida, de la Realidad, del Conocimiento”. ¿Se atreve usted a recorrer tan apasionante camino?.

La revista Año Cero, en el número 05-190 (mayo, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: “El secreto del Santo Grial”, firmado por Javier Garcia Blanco, en el que se plantean las posibles claves ocultas de la reliquia sagrada.

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