En el siglo XVI se contabilizaban unas veinte copas que reivindicaban el honor de ser el verdadero cáliz usado por Jesús en la Última Cena. Pero hoy en día sabemos, gracias a los estudios de verificación, que ninguno de dichos receptáculos es considerado auténtico, salvo las excepciones del Santo Cáliz de Valencia y la copa de plata de Antioquía.

La valiosa reliquia de Antioquía tiene una capacidad de dos litros y es demasiado grande para poder pasar de mano en mano en torno a la mesa de la última Cena durante la comunión eucarística. Lo interesante, sin embargo, es el hecho de que San Jerónimo mencionara que había dos copas sobre la mesa de la Última Cena: una de plata que contenía el vino para la cena, y una de piedra que fue usada para la institución de la Eucaristía.

Sólo el Santo Cáliz de Valencia con la parte superior de piedra de ágata, responde a la descripción de San Jerónimo acerca de la copa usada por Cristo en la consagración. Cuando se examina su tradición e historia en detalle, es completamente evidente que todo concuerda de forma razonable.

La pieza que se encuentra en Valencia es una copa elaborada con ágata de color rojo oscuro a la que se añadió en siglos posteriores una estructura de oro con dos asas que unen el conjunto. Mide diecisiete centímetros de altura y tiene forma semiesférica con un diámetro de nueve centímetros. Los análisis arqueológicos a los que fue sometida demuestran que fue labrada en un taller de Palestina o Egipto entre el siglo IV a.C. y el primero de nuestra era.

 

El Santo Grial de Valencia es el único de todos los presuntos cálices sagrados cuya historia, por lo menos una gran parte de ella, está documentada. La primera referencia aparece con el traslado de la reliquia desde el monasterio de San Juan de la Peña, en 1399, ordenado por el rey Martín el Humano. Los monjes, con el beneplácito de Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna, cedieron la pieza al monarca quien la dejó para su culto y veneración en el Palacio de la Aljafarería de Zaragoza.

Más tarde, la copa sagrada fue traslada a la Ciudad Condal cuando Martín el Humano cambió su residencia a Barcelona. Así consta en el documento del inventario realizado tras la muerte del monarca en 1410.

Posteriormente, Fernando de Antequera, sobrino del rey Martín y sucesor del trono, optó por llevar el objeto religioso a la ciudad de Valencia.

Primero fue ubicado en el Palacio Real de Valencia, en 1414, aunque posteriormente cambiaría su emplazamiento por el de la Catedral.

Desde el siglo XV podemos afirmar que el Santo Grial ha estado en Valencia, aunque ha salido en diferentes ocasiones de tierras valencianas, y ha estado escondido y guardado en Alicante, Ibiza o Palma.

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