Eran una especie de gobernador con un Mariscal y un pañero bajo sus órdenes.

 También tenía la función de tesorero. El botín de guerra debía ir a sus manos para ser distribuido y/o utilizado según la necesidad, excepto las armas, pertrechos y monturas del botín que iban a manos del Mariscal.

Respondía al Maestre y a Capítulo General.

 Tenía un séquito de dos escuderos, un sargento, un indígena turco, un diácono que supiese escribir, un intérprete y dos muchachos de a pie.

 Él era el que se encargaba de dar la orden de cualquier pago, aunque siempre bajo el mandato del Maestre o del Capítulo.

 También estaba a cargo de los navíos atracados en San Juan de Acre.

El Comendador de Jerusalén contaba con diez caballeros para protección de peregrinos y defensa de caminos, además de contar con el privilegio de guardar la Vera Cruz (también durante el transcurso de las batallas).

 La mayor de sus obligaciones era la de tener una cuenta actualizada del tesoro y presentarla al Maestre cuando la requiriese.

Presidía la distribución de los hermanos templarios en los castillos y, en tiempos de paz, el Mariscal tenía que acatar sus decisiones.

El Comendador Provincial era el preceptor de las distintas provincias en las que se dividía el Temple. Igualmente en éstas administraba las donaciones, cuidaba de los hermanos a su cargo y enviaba la mayor cantidad de dinero posible a Tierra Santa.

Los Comendadores Territoriales se encontraban en Acre (Palestina) y Antioquia (Siria) y de ellos dependían los castillos de cada región.

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