LXII. Que se eviten los besos de las mujeres

Creemos que es peligroso a todo religioso mirar detenidamente los rostros de las mujeres; por lo mismo, que ningún hermano ose besar ni a viuda ni a doncella, ni a su madre, ni a su hermana, ni a su tía, ni a mujer alguna. Huya por esto mismo de semejantes besos la Milicia de Cristo, por los que suelen frecuentemente peligrar los hombres, para que, con conciencia pura y perfecta vida, logre gozar perpetuamente de la vida del Señor.

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