LXXI. Que se evite la murmuración

También os mandamos que evitéis y huyáis como de la peste, por precepto divino, de la envidia, la murmuración y la calumnia. Procure pues cada uno, con ánimo vigilante, no culpar ni reprender a su hermano, antes bien con especial estudio advierta el consejo del apóstol: “No acuses ni difames al pueblo de Dios”. Si un hermano conociese claramente que su hermano pecó en algo, pacíficamente y con piedad fraternal, según el precepto del Señor, lo reprenda en privado. Si no hiciese caso, llame a otro hermano para el mismo efecto, y si a ambos despreciase, sea reprendido públicamente, delante de todos, en el cabildo. Los que desprecian a otros sufren unha terrible ceguera, y lamentarán amargamente no haber evitado la envidia hacia otros; por esta razón terminarán hundiéndose en la antigua maldad del demonio.

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