El triunfo de la Primera Cruzada propició que en Europa occidental, sobre todo en Francia. Miles de peregrinos estuvieran interesados en ir a Tierra Santa para visitar el sepulcro de Cristo y rezar en los lugares santos cristianos. Muchos de estos peregrinos, eran caballeros de la pequeña nobleza, que vieron en esta peregrinación una oportunidad para poder ascender en la escala social de la época., cosa que en esta época era casi imposible realizarlo en el propio pais ni en Europa.

La avalancha de peregrinos a partir de 1099 hizo necesaria la apertura de casas de acogida y de hospitales donde albergar y curar a tanta gente como llegaba a Jerusalén. Ya antes de la conquista de Jerusalén, se habían abierto algunos establecimientos de este tipo para acoger a los cruzados, como el de los comerciantes de Amalfi o el que se fundó en la iglesia de San Juan para la acogida de peregrinos y enfermos.

Asentadas las conquistas cristianas, el rey Balduino I se dio cuenta de que no sólo era necesaria la construcción de hospitales de peregrinos, sino también  la creación de un sistema de seguridad que mantuviera a salvo a los peregrinos, tanto en su caminar como en su estancia en Tierra Santa. Para cumplir esa misión hacían falta hombres abnegados y conscientes de que debían dedicar toda su vida a la defensa de los peregrinos, y por ello hizo una llamada a la nobleza europea a fin de que dedicara sus esfuerzos a este fin.

Esto hizo que muchos peregrinos y cruzados pasaran a formar parte de esta primera orden que paso a denominarse de los Hospitalarios. Otra de las grandes órdenes religiosas de la época y rivales en todo momento con los Templarios, aunque esta rivalidad no siempre fue positiva. También podemos reseñar que existía otra orden religioso-militar coetánea a estas dos que era la de los Caballeros Teutones, en su inicio denominada: Hermanos de la casa del Hospital de los Alemanes de la Virgen de Jerusalén. Formada principalmente por caballeros alemanes.

En definitiva el nacimiento de estas órdenes religioso-militares vino propiciado por  la nueva situación, sin el movimiento de peregrinos, sin la precariedad política y la impotencia militar del nuevo reino de Jerusalén, difícilmente se habría dado allí el nacimiento de la orden del Temple y del resto de las órdenes.

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