VI. Que ningún hermano que queda haga oblación.

Además, deberíais profesar vuestra fe con el corazón puro día y noche para que así podáis ser comparados en este aspecto con el más sabio de todos los profetas, el cual dijo: “Calicem salutaris accipiam”. Lo que quiere decir: “Aceptaré el cáliz de la salvación”. Lo que significa: “Vengaré la muerte de Jesucristo con mi muerte. Pues igual que Jesucristo dio su cuerpo por mí, de la misma manera yo estoy dispuesto a entregar mi alma por mis hermanos”. Esta ofrenda es digna y conveniente, porque es un sacrificio en vida que mucho complace a Dios.

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