LXVIII. Por que culpa no se reciba más al hermano

Antes que las demás cosas se ha de mirar que ningún hermano, rico o pobre, fuerte o débil, queriéndose exaltar y poco a poco ensoberbecer y defender su culpa, quede sin castigo; y si no quiere enmendarse, se le dé la más grave corrección; y si con piadosas admoniciones, y hechas oraciones por él, no se corrige aun, sino que más y más soberbio se vuelve, entonces sea expulsado del piadoso rebaño, como dice el apóstol: “Apartad todo lo malo de vosotros”. Es necesario que toda oveja enferma se separe de la compañía de los hermanos fieles. Y el maestre debería empuñar el báculo y la vara (el báculo con el que sustente la flaqueza de los hermanos, y la vara con la que castigue los vicios de los pecadores) por amor a la justicia y por consejo del patriarca, y estudie lo que debe hacer siguiendo a San Máximo: Que la clemencia no sea mayor que la falta, y que un inmoderada castigo no haba que el pecador vuelva a hacer el mal”.

Anuncios