La cruces templarias

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La Cruz Patriarcal:

La Cruz en cuestión es del tipo conocido como Cruz Patriarcal. Su leyenda dice que en el año 326 un ermitaño acompañó a Santa Elena “La Santa Emperatriz”, ( que era madre del Emperador Constantino) al lugar donde había tenido lugar la crucifixión de Jesucristo en el Gólgota.

Allí la Santa Emperatriz; localizó 5 trozos de madera pertenecientes al madero sagrado; basando esta afirmación en el hecho de que estos habían curado a una enferma que se tumbo sobre ellos.
Santa Elena regaló esa cruz al Patriarca de Jerusalén, que la mandó colocar en una Capilla de la Iglesia del Santo Sepulcro.

Pasaron los siglos y todo siguió mas o menos igual en lo que a la Cruz se refiere, hasta que en el año 1.192 cuando El Emperador Federico II Stauffen iba a autoproclamarse
Rey de Jerusalén, se le aparecieron dos Ángeles de la nada y le arrebataron la Cruz al Patriarca (quien consintió aquel hecho) llevándosela al Cielo en señal de protesta.

4 años después esa Cruz apareció en Caravaca ( cuando esta población pertenecía a la Orden de los Caballeros Templarios) santificando la ciudad y dándole intrínsicamente categoría de “Centro del Mundo.”
Por último recordaremos que según parece; la primera Cruz que portaron los caballeros de la Orden del Temple en el año 1118 ( unos 9 años antes de su oficialización) fue una Cruz Patriarcal de color “bermejo” (rojo) sobre el hombro izquierdo del manto blanco que portaban ( tal y como sucede ahora) ya que aunque se hospedaran en el templo de Salomón allá en tierra Santa, debemos de tener en cuenta que dicho Templo estaba situado junto a la Iglesia del santo Sepulcro y que la relación con los monjes que custodiaban esa Iglesia era excelente, pues hasta les cedieron un trozo de los terrenos pertenecientes a la Iglesia.

Y que la relación con el Patriarca de Jerusalén era también muy buena. De hay que la primera Cruz que portaron fue la Patriarcal aunque luego llevaron otras como la de las 8 Beatitudes, la Tau o la Patada.

La Cruz de las Ocho Beatitudes:

Es una Cruz de “meditación” en su aspecto geométrico.

Que sirve como clave para la construcción y desciframiento del alfabeto secreto de los Templarios. ( Manuscrito del siglo XIII – Biblioteca Nacional de Paris).

Esta clave esta montada, a su vez, sobre otra clave de origen Hebraico, que dio nacimiento a un alfabeto secreto utilizado por los Cabalistas.

Es una Cruz que también la portaron y portan los Caballeros de la Orden del Hospital o de Malta que es como se la conoce hoy en día.

El significado de sus ocho Beatitudes es:

1ª Beatitud:
- Poseer el contento espiritual.

2ª Beatitud:
- Vivir sin malicia.

3ª Beatitud:
- Llorar los pecados.

4ª Beatitud:
- Humillarse al ser ultrajados.

5ª Beatitud:
- Amar la justicia.

6ª Beatitud:
- Ser misericordiosos.

7ª Beatitud:
- Ser sinceros y limpios de corazón.

8ª Beatitud:
- Sufrir con paciencia las persecuciones.

Tras leer sus significados entenderemos la importancia que tuvo esta Cruz para estas dos Grandes Ordenes Militares símbolo de Espiritualidad, Humildad, Honor, Amor al prójimo, etc.

La Cruz Tau:

La Cruz Tau es un símbolo representativo de la Orden del Temple.

La Tau, como símbolo equivalente a nuestra letra “ T ” pudo ser simplemente la inicial de la palabra Temple.

Pero también puede significar el principio del femenino, ligado a las Diosas Madres. Habría que recordar la relación entre Templarios y numerosas Iglesias dedicadas al Vírgenes, entre ellas las enigmáticas Vírgenes negras.

Aquí algunos han querido ver al Temple como continuadores de antiguas y tradicionales sabidurías mágicas relacionadas con los primitivos cultos al principio femenino, origen de los dioses, por no nombrar a los que nos han recordado el fervor Templario al culto Mariano.

También es de recordar que en el antiguo Egipto el sonido de la letra “ T ”
Añadido a una palabra, indica su pertenencia al genero femenino lo que de nuevo vuelve a ligarnos al Temple con los conocimientos de las antiguas civilizaciones.

La Cruz Tau es conocida también como Cruz “ Commisa” o “ Patibulata” solía encontrarse en los sepulcros de los Mártires.
Su significado simbólico es “ elegido de Dios”. Normalmente la Tau era una llamada de atención y una proclamación del secretismo ocultista de los Templarios. Además tiene su correspondencia con él numero 9 y la “ Teth” Hebrea haciendo alusión a la fundación ( recordemos que precisamente 9 Caballeros Fundaron la Orden del Temple) Por ello representa al árbol de la ciencia y a la serpiente.

Aparte de ello en la Cabalista Cristiana es un símbolo de resistencia y de protección. Al parecer si se colocaba sobre la custodia de una ermita o en la parte superior del altar de la iglesia o parroquia quiere decir: “Iniciación Superior”.

La Cruz Paté:

Es una Cruz que abre sus extremos a los 4 puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. Se abre al mundo al universo.
La Cruz Paté con sus cuatro brazos iguales evoca a los cuatro evangelistas, a las cuatro estaciones y a los cuatro elementos: Aire, Tierra, Fuego y agua.

Deriva directamente de la Cruz celta que representa los tres mundos:
- Abred.
- Gwenwed.
- Keugan.

La tradición de los Obreros muestra que la Cruz Paté deriva de la vieja rueda druídica el Crismón de ocho radios. Este símbolo, el Crismón, evoca el inicio, los ciclos (la serpiente que se muerde la cola) y es también un símbolo solar que tiene su máxima expresión en los resplandecientes rosetones de las Catedrales e Iglesias de origen Templario.

Se cree que esta fue la primera Cruz (Ancorada o Paté) que recibieron el 24 de Abril del año 1147 de manos del Papa Eugenio III.

La Cruz de Torres del Río:

Es una Cruz muy similar a la Patriarcal se diferencia de esta en que sus dos barras horizontales están opuestas es decir la barra larga esta arriba y la corta esta abajo mientras que en la Patriarcal pasa lo contrario, poco sabemos de esta Cruz, no obstante diremos que hasta la fecha hemos descubierto que tiene la misma forma que la Cruz de Jerusalén pero esta coloreada de color rojo mientras que la de Jerusalén era de color Amarillo sobre fondo blanco. No olvidemos que el color rojo era el color de las Cruces de la Orden del Temple. Pensamos que la elección de esta forma de cruz pudo ser debido a la importancia que tenia Jerusalén no solo para la Orden del Temple sino también para el mundo Cristiano. Parece como si intentaran indicarnos sobre el sacrificio ( la portaban roja) que se había de hacer en la tierra de Jerusalén.

O quizás simplemente la portaban de esta forma como deferencia a Tierra Santa ( Jerusalén) que era el fin de todo peregrinaje.

Hay quien dice que la citada cruz fue una mala interpretación realizada por los Caballeros del Santo Sepulcro, en su apresuramiento por borrar las marcas de identidad del edificio; como es el caso de los símbolos del Tímpano. Ya que esta Iglesia les fue entregada el 25 de Noviembre de 1325 (trece años después de la supresión oficial del Temple) ya que a la disolución del Temple y en el reparto que se realizo de sus bienes esta posesión se entregó a la Orden del Santo Sepulcro de Castilla-León y Portugal-Navarra (según documentos encontrados en el año 1950 donde se atestigua los derechos de propiedad desde 1325 a 1328).

Pero hay algo que olvidan y es que por motivos que permanecen ocultos el Rey Godofredo de Bouillón se apresuro a quitarles la cruz Patriarcal a los Caballeros del Santo Sepulcro en el año 1099, cuando creó la Orden de Notre Dame du Mont de Sion de la que saldrían algunos Templarios como brazo armado hacia 1114, dándoles a cambio a los Sepulcristas la Cruz quíntuple que simboliza las cinco llagas del Señor (Torres del Río) a pesar de esto Los Sepulcristas se obstinaron en utilizar la Cruz Patriarcal todavía durante un tiempo, junto a la nueva Cruz quíntuple, lo que a dado lugar a numerosas confusiones sobre todo en España. ( Marques D´Albon, Cartulaire Generale de L´Ordre du temple, Paris, 1913, págs. 2 y 3 docs. III- IV 1125; Arbois de Jubainville, Histoire des Ducs et des comtes de Champagne, Paris, 1859-69, vol. II, Págs. 113 y 114.

La Cruz como Distintivo

Pensamos que reconocer que Cruz o Cruces oficiales tuvo la Orden del Temple nos ayudaría a identificar muchos edificios que son atribuidos al Temple de forma dudosa o que documentalmente es una atribución indemostrable, en especial si otras ordenes pretenden adjudicarse fraudulentamente la paternidad de estas construcciones.

Sabemos por el P. Mariana, Acuña y el Marques de Avilés que al principio de la Orden (1118) no usaron Cruz y que la primera que ostentaron fue una Patriarcal de grana, es decir, con dos travesaños cosida en el manto sobre el hombro izquierdo y no sobre el derecho como han dicho algunos escritores.

Por otra parte el autor anónimo del “Resumen Histórico de la Fundación del Temple… (Imprenta Fuentenebro- Madrid Pág.21) nos dice que “Los Caballeros del Temple tenían por divisa una Cruz roxa con dos traviesas como la de Caravaca, y manto blanco.”

Por otro lado Campomanes es tajante: “ Les dio el Patriarcha Eftevan de mandato del Papa Honorio II, hábitos blancos fin Cruz hafta que pofteriomente, en tiempo del Papa Eugenio III, pufieron cruces roxas en fus Mantos y Eftandartes… Pero diciendo Vitriaco que era fencilla Ancorada” parece ser que este Vitriaco no era otro que Jacques de Vitry, Obispo de Acre en 1214 y luego Patriarca de Jerusalén en el año 1239 quien en su “Historia Orientalis” nos dice:

-“ El qual Templo tiene buenos caballeros, que traen capas blancas, con una Cruz roxa fencilla, una Vandera o Eftandarte de dos colores, que llaman Baucant, va delante de ellos en las batallas.”
Otros Cronistas contemporáneos a Jacques de Vitry como fulk de Chartres o G. de Tiro (1130- 1193) le contradicen, por lo que deducimos que primero llevaron la patriarcal por deferencia al patriarca de Jerusalén y al Santo Sepulcro (donde estaba la cruz Patriarcal) y que luego cuando el Papa Eugenio III les asigno una llevaron una cruz sencilla ancorada ( similar a la paté).

Lo que cuesta entender es que existieran unos diez o quince modelos de Cruces Templarias aproximadamente, podemos reducir este muestrario a cinco modelos básicos: La Griega, La Paté, La Tau, La de las ocho Beatitudes y la Patriarcal. Las demás Cruces pensamos que serian más o menos circunstanciales.

De estas cinco la dos más usuales son la Griega y la Paté, pues figuran en muchos sellos de la Orden, así como en tumbas de Caballeros, Pinturas de Iglesias y Estelas Discoidales, teniendo las otras tres Cruces un uso más restringido, pudiendo verse solamente en algunas Iglesias, Casas, Castillos, algunos documentos y en tumbas de Caballeros muy particulares como en el caso de Noya (Galicia) donde sobre unas veinte lápidas Templarias podemos observar la Cruz Tau, o como en la Isla de Escocia que los Templarios utilizan como cementerio donde predomina la Cruz de las ocho beatitudes.

Parece ser que esta diversidad de cruces diferenciaba en varias categorías a los Caballeros del Temple; no solo en un sentido literalmente Jerárquico sino también de forma cualitativa esotéricamente hablando o también de distribución geográfica ( Paté-Portugal, Patriarcal-Jerusalén, Ocho Beatitudes-Escocia, etc.)

Así la Cruz Griega parece predominar en la Provincia Templaria de castilla, también en el Sarcófago del Infante D. Felipe, en Villasirga (Palencia) y la Piedra Armera del Castillo de Fregenal (Badajoz).

La Cruz Paté por ejemplo fue la insignia de la Orden del Temple en Portugal, si bien al producirse la supresión de la Orden del Temple, los Caballeros de la Orden de Cristo la emplearon pero inscribiendo la Cruz Griega en su interior.
La Cruz Paté también predominó en la Corona de Aragón y en Inglaterra donde aun la portan.
La Cruz Tau que es la cruz de los elegidos del Señor (Dios) en el día del juicio final según el Apocalipsis Bíblico. Tubo especial utilización en el Castillo de Ponferrada y la Casa de Astorga en León. También se utilizó en Noya (Galicia) y en algunos enclaves Templarios de especial valor “mágico” o “esotérico”.

La Cruz de las Ocho Beatitudes a parte de ser una variante de la Cruz paté fue principalmente utilizada en Escocia, aunque su utilización fue un tanto especial pues de ella se extrajo el Alfabeto Secreto Templario. Esta Cruz en su interior encerraba otra más pequeña de tipo Paté con tres brazos rojos y el cuarto dorado, era utilizada como clave criptográfica para descifrar el mencionado alfabeto secreto de la Orden, que se utilizaba para cifrar ( y descifrar) documentos, cartas, letras de cambio, etc. Mediante unos signos geométricos de forma triangular contenidos en la citada Cruz.

Finalmente hablaremos de la Cruz Patriarcal a parte de haber sido la primera (no oficial) que portaron, era la insignia distintiva del Gran Maestre y altos dignatarios de la Orden. Parece ser la indicada para marcar diversas construcciones de carácter mistérico- iniciático como por ejemplo: Eunate y Aberin (Navarra), Vera Cruz (Segovia), Santo Sepulcro de Torres (Navarra). No debemos olvidar que esta forma se adoptó para los Lignum Crucis (relicarios) que abundan en las Casas Templarias, que se utilizaban en las ceremonias de admisión a la Orden y en los rituales de iniciación.

Sobre esta Cruz la tradición dice que si un niño a llorado estando en el vientre de su madre y además tiene marcada en el paladar una Cruz de Caravaca, posee el “don” o la “gracia” y puede manifestarse como un gran curandero.

Las Cruces procesionales y de demarcación del Temple:

Hemos observado que durante la época que la Orden existió en Mallorca aparecieron varias Cruces procesionales y de demarcación ( delimitaban los terrenos del Temple) con la imagen de dos Cristos colocados cada uno en una cara de la Cruz, el hecho de que durante la época del Gótico adoptase esa dualidad de tener 2 Cristos representados en la misma Cruz uno de ellos crucificado y el otro sentado en un Trono es por que los templarios ( del 1118 al 1315) aunque aceptaban que Cristo murió en la Cruz también recordaban de esta manera que luego resucitó como consta en las escrituras y que esta sentado a la derecha del Dios Padre.

Si bien existen algunos investigadores que apuntan que esa visión de dualidad se perfila como un recordatorio para que tengamos presente que Él es el Rey de Reyes, de hay que nos lo muestren sentado en un trono.

Sea como fuere era mejor recordarlo resucitado y sentado en su trono puesto que no ha existido padre al que le gustase que sus hijos le recordaran así (crucificado), además se consideraba que si él hubiera querido eso; no hubiera resucitado, hemos de tener presente que el milagro de la resurrección es lo que le da la divinidad ante los hombres y no su muerte aunque esta fuera para el perdón de nuestros pecados.

Pienso a titulo personal que él prefiere que recordemos su palabra sus enseñanzas y si fue todo amor, no creo que le guste que le recordemos así…

Pero repito que es una opinión personal y uno de los motivos de esta dualidad simbólica. Dualidad que podemos encontrarla en Montuiri junto a la Parroquia cerca de la Calle del Pou del Rey donde nos encontramos con una Cruz potenzada de aspecto espinoso sobre un capitel octogonal que también tiene a un Cristo Crucificado y a otro en su trono recordemos que esta población perteneció a la citada Orden del temple.

Así mismo en la Parroquia de Porreras que también perteneció a la Orden encontramos una Cruz Patriarcal Procesional Templaria, la citada Cruz que es de plata y esmaltada en sus cabos también tiene representados a los dos Cristos.
Esta es una de las formas realistas que tenían los Caballeros Templarios de ver y recordar la vida de nuestro señor Jesucristo, sucede lo mismo que con las “Vírgenes negras o morenetas” o los “Cristos negros” (que es como se les llama) Si tenemos en cuenta que tanto Belén como Jerusalén están en lo que conocemos como Oriente y que allí las personas son de tez y piel oscura ( morena = Morenetas) entenderemos por que durante la época Templaria aparecieron toda esa gran cantidad de vírgenes “morenetas” ( la de Lluch por ejemplo) y de otros tantos, aunque menos, Cristos de piel oscura. Es un tema de lógica ya que allí ni existen ni han existido personas de tez pálida.

Aunque también hemos de tener en cuenta que esa blanca palidez es sinónimo de “pureza” no obstante me gusta mas emplear la lógica y ser realista y por ello personalmente me inclino mas por las Vírgenes y Cristos de piel morena, además hay que destacar que es mucha la gente que siente devoción por estas Vírgenes como es el caso de la del Pilar en Zaragoza y otras tantas que están repartidas por la geografía no solo Nacional si no también Mundial.

En la parte de abajo podemos ver un ejemplo de dichas Cruces, si bien también observaremos algunas de ellas que son una especie de mezcla entre dos de las Cruces representativas de la Orden del Temple; pensamos que ello es debido a un querer unificar el significado ya sea espiritual o esotérico de dos Cruces en un intento de conseguir una Cruz que represente los valores a los que los Templarios se consideraban sujetos en aquel enclave o “Casa”, y de esta forma se conseguía no solo unificarlos si no que además lograban crear un símbolo con el que sentirse identificados y que además era comprensible esotéricamente hablando; para todo aquel que realmente estaba iniciado en las Ciencias Sagradas.

Quizás por ello existieron en la Historia del Temple toda esta variedad de Cruces; Pretendiendo con ello que cada preceptoría, Bailiazgo o Priorato tuvieran un distintivo acorde con las funciones que debían de realizar o para las que estaban asignados y se conseguía de esta forma; la expresión de unas reglas, conocimientos o deberes de una forma muda; es decir por signos ( Cruces) comprensible solamente para los eruditos en la materia. Quizás existieron algunas cruces más pero de momento solo conocemos las que ( como ya hemos dicho anteriormente) se pueden observar mas abajo:

El Lignum Crucis

Si el culto al signo de la Cruz, y a su máxima representación expresada en los fragmentos de la llamada Vera Cruz, alcanzo gran extensión y reconocimiento popular, mas “éxito” obtuvieron las reliquias del madero sagrado que estaban conservadas en los llamados Lignum Crucis que eran representados con la forma de la Cruz Patriarcal, siendo a partir de estas cuando aparecen las famosas Cruces Talismánicas que tanta veneración han suscitado y suscitan como es el caso de la Cruz de San Zacarías, Cruz de la Luna, Cruz de San Bartolomé y otras muchas mas representadas siempre con la forma de la cruz Patriarcal es decir una Cruz que se muestra con cuatro brazos y que son poseedoras de algún poder mágico- terapéutico como puede ser el curar la peste, las fiebres, etc.

Estas Cruces que alcanzan una gran fama suelen estar en posesión de alguna Casa Sagrada del Temple, los Monjes guerreros solían utilizarlas en las Ceremonias y rituales de admisión de nuevos miembros en la Hermandad ceremoniales propios de la Caballería en las que el aspirante a Caballero del Temple debía jurar por su vida fidelidad a la Orden y a todas sus reglas ante el Lignum Crucis que le presentaba el Maestre por regla general ya que a defecto de este podía ser el comendador, Bailio o el Prior de la provincia. Esta utilidad queda demostrada en un Breve del Papa Honorio III que acompañaba al Lignum Crucis y que había sido regalado a los Caballeros Templarios de Segovia: “…para perpetuar su culto a Los Caballeros Templarios al acto de su profesión, como principal y glorioso trofeo de esta militar Orden, etc…”; F. J. Cabello y Dodero, La Iglesia de la vera Cruz, pag.14 y 15.

Pero hemos de hacer constar que el Lignum Crucis de Los Caballeros Templarios presidía también otros ritos de estos Caballeros ya que también estaba presente en los actos de la Festividad de la Candelaria ( Virgen Negra o Moreneta) fiesta que obligatoriamente debía de celebrarse en las encomiendas Templarias, según el Artículo 75 de la regla primitiva.
La lógica se impone en los Lignum Crucis ya que si no existen realmente Cruces de cuatro brazos es que estamos hablando claramente de dos Cruces sobrepuestas con un par de brazos cada una, cosiguiéndose con esta nueva Cruz unificar el poder “mágico” y todo el esoterismo de las dos cruces en una sola, un ejemplo claro de este hecho lo tenemos en el comentario que el Secretario del Papa Honorio III nos hace referente a como el Santo Padre creó el Lignum Crucis que luego después envió a los Caballeros Templarios de Segovia:

-“Tomo de un fragmento del brazo derecho de la Cruz del Salvador del que formo dos Cruces y reunidas la una sobre la otra en forma de Cruz Patriarcal.” Y tal es el caso que si realizamos la partición de la Cruz Patriarcal a la altura de los brazos mayores obtendremos dos nuevas cruces siendo una de ellas la Cruz Tau y otra una cruz Griega. Siendo ambas Cruces simbólicas de la Orden del Temple; La Cruz exotérica Griega y la Cruz esotérica Tau y como ya hemos dicho su unión nos proporciona la Cruz Patriarcal y con esta unión obtenemos un símbolo del sincretismo religioso, filosófico y Político; propio del pensamiento dualista de la Orden del Temple.

Estos relicarios en forma de Lignum Crucis fueron muy numerosos en las casas Sagradas del Temple, pero en la actualidad estos relicarios son muy escasos, hemos llegado a constatar hasta 13 de ellos relacionados con la Orden del Temple de los cuales seis se conservan en la actualidad siendo tan solo cinco auténticos, ya que el que está en Caravaca de Murcia es una reproducción ya que el Original fue robado en el año 1934. Los otros cinco auténticos que se guardan los tenemos: uno en Ponferrada (León) otro en Miraflores (Segovia), Bagá (Barcelona), Murugarren (Navarra), y Zamora en su Catedral.

Los que han desaparecido han sido los de Torres del Río (Navarra), Villalcazar de Sirga (Palencia), Villamurriel de Cerrato (Palencia), Alfambra (Teruel), Artajona (Navarra), Maderuelo ( Segovia) y por ultimo Montesa (Segovia).
Todas estas Cruces o relicarios templarios están rodeadas de un halo de misterio, magia y milagrería, contándose sobre ellas curiosas tradiciones y consejas dignas de un profundo análisis.

Articulo Públicado en: http://www.templemexico.org/Doc_lacruztemplaria.php   excepto las fotos que las puse yo.

El alfabeto secreto de los templarios

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Los templarios fueron grandes maestros en el arte de la criptografía, un alfabeto secreto que se supone que utilizaban en sus transacciones mercantiles y documentos secretos, aunque por supuesto el uso del alfabeto quedaba restringido a altos cargos templarios y mayoría de templarios nunca supieron de su existencia.

 Se confeccionó aproximadamente hacia el siglo XII. Se conoció por los no inciados europeos ya en el siglo XIX, y aparece en obras realizadas mayormente por los masones, esto podría dar lugar a sospechas de la falta de autenticidad de este alfabeto en el campo templario, sin embargo hay 3 documentos que usan el alfabeto datando del siglo XII. El investigador  Charles Maillart de Chambare probó la existencia de tres manuscritos que emplean el alfabeto; los tres datan del siglo XIX. El mismo Probst-Birabén vio uno de ellos, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.

En la mismísima catedral de Toledo, en uno de los muros exteriores, se pueden ver muchos de éstos signos.

El alfabeto fue creado partiendo de la cruz que portaban los templarios colgada de una cinta. Esta cruz es la Cruz de ocho beatitudes (Cruz de ocho puntas). Llama la atención la presencia de W que no existía en el alfabeto latino, otro motivo para cuestionar la autenticidad del alfabeto, siendo tachado de creación anglosajona y posterior a la Orden, pero en uno de los manuscritos del siglo XII, de la Biblioteca Nacional de París está presente esta W.  No obstante parece ser que existen documentos del siglo XII que lo utilizan y que la w puede tratarse de una especie de contraseña o símbolo supletorio.

Pero el motivo de la presencia de la W para los templarios se puede deber a 2 causas

  1. Confundir a un posible espía.-
  2. Mas probablemente: Ser una contraseña relacionada con los documentos comerciales redactados en este Alfabeto Templario

Las letras de este alfabeto particular estaban representadas con arreglo a ángulos y puntos determinados por la cruz.

La lectura de éste alfabeto se realizaba por medio de un medallón en forma de código secreto, que los caballeros elegidos llevaban colgado al cuello.

Si se coloca la cruz de las ocho beatitudes dentro de un cuadrado, da lugar a diferentes formas, ángulos y puntos. Cada uno de ellos es representado por una letra.  En éste alfabeto secreto, cada letra tenía un significado diferente, dependiendo de la posición que ocupaba.

Inscrita la cruz en un polígono, forma un octógono, base de muchas capillas y ermitas templarias con plantas octogonales

El conocimiento de las ondas de forma

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Los Templarios tenían conocimiento sobre las influencias de las formas sobre las criaturas vivas. Esto es algo que no es extraordinario ya que algunas civilizaciones dominaban mucho antes que ellos estas energías poderosas e invisibles, que actualmente se denominan Ondas de Forma.

Antes de continuar vamos a explicar que son las Ondas de forma:

Cualquier forma geométrica, plana o con volumen, produce y emite ondas, unas veces nocivas y otras favorables para el organismo. El suelo también las emite.

Los romanos eran conscientes de la presencia de estas fuerzas y, antes de fundar una población en un lugar, dejaban paciendo el ganado durante un año, tras ese periodo de tiempo, mataban algunos ejemplares y examinaban sus hígados, según su estado tomaban entonces la decisión de establecer allí o no su poblado.

También los chinos conocen desde la antigüedad estas emanaciones Telúricas a las que denominaban “ Fung Shui” –Puertas de salida de los Dragones-.

Los celtas hablaban de la Wuivre, los griegos de los ríos infernales.

Por supuesto en Occidente estos conocimientos fueron ocultados hasta caer en el olvido.

Los egipcios, por su parte, probablemente no construían las grandes pirámides, para que fueran tan solo tumbas.

La mejor prueba de ello la constituye el hecho de que la Pirámide de Keops, por ejemplo este compuesta por 26.000 bloques de 12.000 Kg

Imaginando que los obreros y esclavos colocaran como máximo 10 bloques por día, – lo cual en vista de los métodos de construcción que utilizaban según los investigadores modernos parece ya una cifra exagerada- se habrían necesitado 664 años para construirla, y eso sin tener en cuenta los cimientos que había que cavar ni los planos que había que proyectar!

Bien pues, la gran pirámide funcionaba como receptor, y emisor de ondas, conocidas con el nombre de rayos verdes. De hecho es la longitud de onda más corta del universo, que se produce en la cámara del rey, a un tercio de la altura de la pirámide, aproximadamente. Este rayo verde negativo posee la extraña propiedad de momificar la carne.

También los Templarios conocían estas propiedades, que no por sorprendentes dejan de ser reales. La forma Octogonal que se da con tanta frecuencia en la arquitectura Templaria facilita cierto estado de meditación casi visionario. Sumerge al individuo en una capacidad receptiva a la iniciación. Las catedrales también emiten ondas de forma y además captan las energías cosmotelúricas. Las numerosas representaciones de San Miguel o de San Jorge ( por las cuales se nombra Caballeros a los hombres) son indicios de la presencia de la Wuivre, el rayo mágico de la tierra.

Estos dos Santos vencen al Dragón entran en contacto con él mediante la lanza. El dragón simboliza a la vez las energías celestiales, por sus alas y las energías infernales por el fuego que escupe.

Tampoco es casual que las catedrales estén construidas sobre antiguos lugares megalíticos. Los druidas tenían profundos conocimientos de estas corrientes y sabían sacar provecho de ellas para regenerar al hombre.

La recién creada Geobiología vuelve a descubrir los signos de la naturaleza que pueden ayudar a una vida sana o por el contrario nefasta.

Creo que sería bueno reencontrar el conocimiento de los antiguos y en particular de los Templarios, que llevaron hasta el límite su habilidad en estos temas.

La Orden del Temple más que cualquier otra fue una Orden Constructora. Por su influencia de su Jefe espiritual, San Bernardo y por lo tanto de los Cistercienses, los Templarios se lanzaron a numerosas y amplias construcciones de edificios religiosos- Catedrales, Capillas, Iglesias, aunque por necesidades evidentes de orden militar, también construyeron Castillos y en muchos casos si bien no participaron de manera activa pusieron el dinero y la idea para que la construcción pudiera llevarse a cabo.

Por último añadir que no hemos de olvidar; que la primera función que se pueda constatar que realizaron Los Templarios en Tierra Santa (Jerusalén) fue la reconstrucción y acondicionamiento del Templo de Salomón para que este reuniera las características que para ellos eran necesarias para poder servir mejor a sus intereses.

Fuente: http://www.templemexico.org/Doc_ondasdeforma.php

La leyenda de las virgenes negras

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Las vírgenes negras son de color oscuro porque representan a la Madre Tierra y a la sabiduría ancestral, que fue pretendida por los Templarios.

Otras diosas de las antiguas culturas como Isis, Cibeles y Deméter fueron con frecuencia representadas negras, mientras que la Gran Bretaña conoció una Black Annis. En Efeso, en el templo de Diana, una de las siete maravillas del mundo, se veneraba una estatua negra de la Gran Diosa.

Supuestamente encontradas en circunstancias sobrenaturales, las vírgenes negras al ser halladas solían exigir que se les construya un templo de culto en el emplazamiento exacto de su aparición.

Casualmente, estos lugares son siempre coincidentes con los antiguos lugares de culto que las primitivas culturas dedicaban a sus cultos paganos a la Gran Diosa Madre. Y los Templarios trataban siempre de construir sus santuarios en estos emplazamientos ancestrales, lo que nos lleva a pensar que tenían un conocimiento de las virtudes que poseerían estos enclaves.

Existe una curiosa leyenda que no podemos dejar pasar por alto. Al sur de Egipto, en la región llamada Nubia y en las cercanías de Asuán, existe una isla situada en el centro del Nilo denominada hoy Isla de Philae (“Isla del tiempo de Ra” para los antiguos egipcios). En esta isla se erige un templo dedicado a la diosa Isis (o Hathor)  y era, en tiempos de las cruzadas, el único emplazamiento en donde se seguían realizando los antiguos cultos de los tiempos del Egipto faraónico.

Cuenta la leyenda que Caballeros Templarios navegaron el Nilo en una de sus incursiones por el país alcanzaron esta isla. Seducidos por la hermosura del lugar, por la paz y la espiritualidad que emanaba, y por la belleza del culto a la antigua diosa, se sintieron tan atraídos por él que lo adoptaron y lo adaptaron a sus propias creencias.

Desde la instauración del Temple empezaron a proliferar imágenes de vírgenes negras, como evocación a la ancestral diosa madre-tierra Isis. La Iglesia ha tratado de ignorarlas con excusas o simplemente pintándolas de blanco.

La Isis egipcia es el símbolo de la tierra negra y fértil de las orillas del Nilo, donde tras la bajada de las aguas los limos fecundos ennegrecen las tierras y las transforman en aptas para la siembra. Es por tanto la semilla de vida que, al igual que los egipcios, la antigua humanidad asociaba a la Gran Diosa.

Es bastante probable que bajo la capa de misticismo de la leyenda que acabamos de relatar se esconda una realidad mucho más trascendente. La estancia en Tierra Santa fue lo suficientemente larga para que los monjes-guerreros del Temple pudieran conocer a fondo la civilización islámica, que era muy superior en refinamiento y en cultura a la de la tosca Europa feudal.

La ósmosis entre miembros de ambas religiones fue constante e incluso algunos caballeros musulmanes pasaron a engrosar las filas de la Orden del Temple, así como los propios templarios profundizaban en el conocimiento del Islam. Es a la vez muy posible que los caballeros entrasen en contacto con sociedades herméticas, hebreas, gnósticas y sufís, absorbiendo lentamente parte de su bagaje cultural y místico. Conocido es asimismo el contacto que mantuvieron con la secta de los Asesinos.

También encontramos en el Temple europeo indicios de que tenían un gran conocimiento de las mitología nórdica, celta e indoeuropea, con lo que cobra fuerza la hipótesis de que la Orden del Temple pudo haber soñado con retornar a religión única, armonizando creencias antiguas, orientales y occidentales, lo que la alejaba del catolicismo imperante en la Iglesia romana.

El problema que se encontraron los Templarios en Europa era que el retorno al antiguo credo de la tierra, la adoración de una deidad pagana, podría traerles graves problemas en el seno de la férrea Iglesia Católica. Suponía una herejía, por lo que se enfrentaban a graves sanciones y penas en caso de ser descubiertos.

 Esto obligó a los miembros del Temple a ser muy ingeniosos. Bajo un culto predominantemente masculino, y sabedores de que el culto a la Diosa Madre significaría sin duda una herejía, lo lógico hubiese sido equiparar a esta con la Virgen María, la “Reina del Cielo”, como la llamaba San Bernardo y como aparece en el Antiguo Testamento refiriéndose a Astarté, la equivalente fenicia de Isis. Pero en vez de eso, los Caballeros del Temple decidieron inventar la figura de “Nuestra Señora” y camuflar a la diosa madre bajo la imagen de una “virgen negra”, asociando esta imagen a la María Magdalena del cristianismo, a la que curiosamente los evangelios del siglo I y los apócrifos reservan un papel mucho más importante que a la madre de Jesús.

 Esto representa un enigma. ¿Por qué se asocia la Diosa Madre a la Magdalena, si precisamente la maternidad es lo último que se relaciona con ella?

 Esta apariencia se ha mantenido hasta nuestros días y su culto se halla aún vigente bajo distintos “Nuestra Señora” en muchos lugares de la geografía europea, como en Notre Dame de París.

 De esta forma, los Templarios consiguieron llevar adelante su culto y engañar a la Iglesia Católica, incapaz de descubrir el sutil engaño. Esto, claro está, es lo que dice la leyenda.

 De hecho, podemos encontrar en los enclaves donde se encuentra una virgen negra continuas evocaciones a María de Magdalena, lo que probaría que los templarios aspiraban a retornar a una antiquísima tradición que unificase a todos los hombres, como en los tiempos de la antigua humanidad.

 Regresando a la religión ancestral, el Temple aspiraba a la abolición total de las guerras, de las desigualdades y a la extirpación del odio predicado por las religiones.

 Pretenderían instaurar la sinarquía, el reino de la razón, de la caridad, del amor. En definitiva, el Reino de Dios de las profecías bíblicas.

 Otra teoría dice que las vírgenes negras fueron utilizadas por el Temple para difundir el culto a la Magdalena, que para ellos sería la madre del linaje de Jesús. Este, por tanto, habría tenido descendencia, y la misión de la Orden sería encontrarla, ya que para los Templarios, un descendiente directo de Jesús de Nazaret, sería el heredero real del trono de Jerusalén. Los defensores de esta teoría argumentan que los reyes merovingios eran los descendientes sanguíneos de la pareja, y que en los Evangelios se habla de los hermanos de Jesús (Marcos, Mateo 13.55-56 y Lucas 8.19-21). Defienden que el Jesús histórico no tuvo nada que ver con el divino, y que al igual que tuvo hermanos, también habría podido tener hijos.

Curiosamente, en los lugares donde se encuentra una virgen negra aparece una evocación a la María Magdalena, a los hermanos de Jesús o a santos que difícilmente encajarían en la historia real, por lo que el enigma sigue abierto.

Cristóbal Colón y el Temple

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¿Quién no se ha preguntado alguna vez cual era el significado de las cruces que adornaban las velas de las carabelas de Colón ?. Son cruces clásicas del Temple, en efecto, pero, ¿Dónde está la conexión entre ambos?. Tras el ocaso del temple, los caballeros que residían en España se unieron a la Orden de Calatrava, en cuyo convento se hospedó Colón, y de allí se supone que halló la certeza de que las Indias Occidentales existían.

Sea o no cierto que Colón descubriera la forma de llegar a las Américas en dicho convento, a nadie se le escapa el hecho de que existen numerosas coincidencias, tanto culturales como políticas entre pueblos tan distantes, tanto en el tiempo como en el espacio, como son el egipcio y los precolombinos (mayas o aztecas).

En este sentido, a la llegada de los primeros conquistadores españoles a la península de Yucatán, los nativos les relataron una leyenda que contaba que unos hombres blancos llegaron a sus costas en grandes barcos, vistiendo extrañas vestimentas, y que buscaron a los sabios mayas para comunicarles grandes conocimientos.

Algunas de sus tradiciones hablaban de que “llegará un día en el que vendrán por mar grandes hombres, vestidos de metal, que cambiarán nuestras vidas para bien”. También los mayas adoraban a Kukulkán, un dios “blanco y barbado” y a una cruz, en la cual murió “un hombre de luz que vivirá eternamente”. Hasta aquí todo es leyenda, pero existen pruebas documentales que alimentan la duda razonable sobre la implicación del Temple en el descubrimiento del nuevo continente.

El santo Grial – Juan Antonio Cebrián

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EL SANTO GRIAL

Durante siglos grandes investigadores de la cristiandad dedicaron sus vidas a la búsqueda del cáliz en el que el Mesías consagró la primera eucaristía ante sus discípulos. La verdad sobre el misterios de dicha copa puede estar muy cerca de nosotros.

El sueño de una búsqueda

Para los cristianos, el Santo Grial es y siempre ha sido la copa usada por Jesús para consagrar el vino en la última Cena; el auténtico receptáculo que recibió la sangre de Cristo en el recién instituido sacramento de la Eucaristía. Esta preciosa reliquia ha originado un importante número de historias fantásticas sobre guerreros, monjes y reyes que se embarcaban en su búsqueda. Esto fue así, no sólo en la época medieval, sino también en nuestros días, dada la actual popularidad de las leyendas sobre el Santo Grial y películas tales como ” Indiana Jones y la última Cruzada”, en la que el aventurero descubre un gran número de posibles griales en la inverosímil ubicación de Petra, Jordania. Es innegable que Jesús utilizó una copa para la ocasión y que ésta es un objeto histórico y no un mito. Otros definen el Grial simplemente como un interrogante personal o una exploración del ser, o lo relacionan con toda suerte de antiguas leyendas y ritos de la fertilidad, conduciendo a una gran confusión como la que tenemos actualmente.

San Pedro y San Marcos

Muchos estudiosos creen que el Cenáculo -la habitación en la que tuvo lugar la última Cena-, y el Santo Cáliz, eran propiedad de la familia de San Marcos, el Evangelista, que hizo de intérprete de San Pedro Roma. Ambos vivían en estrecha relación y, según la interpretación católica, parece tener sentido que Marcos diera la Santa Copa a Pedro, por la simple razón de que muy importante para los primeros cristianos usar reliquias en la liturgia, y además él era la cabeza de la Iglesia. La tradición española afirma que San Pedro se llevó el Santo Cáliz consigo a Roma, pasándolo a sus sucesores que lo custodiaron hasta la persecución del emperador Valeriano en el año 258. Debido al grave peligro suponía que la preciosa reliquia cayera en manos de los romanos, el Papa Sixto II, sabiendo que pronto sería martirizado, confió la copa a su tesorero y diácono, San Lorenzo. Éste a su vez se la entrego a un soldado de su confianza pidiéndole que la llevara a Huesca, donde sabía que su familia se haría cargo de ella.

El Grial en España

La copa permaneció en Huesca hasta la invasión musulmana. El obispo de la ciudad, Audeberto, abandonó con el Santo Cáliz su tierra en el 713 para refugiarse en la cueva M monte Paño donde vivía el ermitaño Juan de Atares; lugar en el que posteriormente se fundó y se desarrolló el monasterio de San Juan de la Peña, de[ que surgió un núcleo de hombres esforzados que acometieron la reconquista contra los musulmanes . Tuvo esta lucha caracteres épicos, que no dejaron de ser aprovechados por la creación literaria, ya que, según algunos historiadores, constituyen el origen o la fuente de poemas tan célebres como los de Chretien de Troyes Wolfram de Eschenbach, con su héroe Parceval o Parzival, quien será posteriormente el Parsifal de Ricardo Wagner.

En todos estos poemas hay un vaso maravilloso, al que se denomina “Graal” o “Grial” y cuya relación con el Santo Cáliz es fácil comprender.

La presencia del Santo Cáliz en San Juan de la Peña está testificada por un documento del 14 de septiembre de 1399 el Cáliz pasó a ser custodiado en Zaragoza, a petición del rey de Aragón, Martín I, el Humano. En el texto de entrega, conservado en Barcelona, se hace constar que el Santo Cáliz fue remitido desde Roma con una carta de San Lorenzo.

Durante el reinado del rey Alfonso V, el Magnánimo, la reliquia fue trasladada a la ciudad de Valencia. Desde el 18 de marzo de 1437 se conserva en la catedral de la capital del Turia, según un documento en el que se refiere al “Cáliz en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena”.

“EL 26 DE SEPTIEMBRE DE 1399 EL CÁLIZ PASO A SER CUSTODIADO EN ZARAGOZA, A PETICIÓN DEL REY DE ARAGÓN, MARTÍN I, EL HUMANO. EL SANTO GRIAL FUE REMITIDO DESDE ROMA.”

En siqlos posteriores el Cáliz quedó sometido a diferentes peligros, entre ellos, los rigores de la guerra. En 1808 algunos devotos vieron amenazadas sus vidas en el intento de esconder la supuesta pieza sagrada de la rapiña francesa.

En 1936, con el estallido de la guerra civil, la Santa Copa fue escondida camuflada dentro de los cojines de un sofá, que a su vez se ocultaba en un compartimento secreto de un armario tras una pared de piedra. De esa guisa permaneció los años del conflicto hasta que pudo al fin ser expuesto para el culto de los fieles. La reliquia se exhibe en momentos puntuales como el protagonizado por el Papa Juan Pablo II en su primera visita a España acontecida en 1982. En ese capítulo histórico para nuestro país, el anterior sumo pontífice celebró la Santa Misa con el Grial como testigo privilegiado del oficio.

La hipótesis de Glastonbury

Un serio rival de la tradición de San Lorenzo, al menos en la opinión popular, es la leyenda de que José de Arimatea levó el Santo Grial: a Inglaterra. Está basada en el poema Joseph of Arimathea, del poeta Robert de Boron, que confirma la leyenda apócrifa de Nicodemo, añadiendo que José de Arimatea llevó el Grial a Glastonbury para unir la cristiandad a los huesos del legendario Arturo que se suponía habían sido enterrados allí. El poema narra que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo en una vasija que fue usada como bandeja para el pan y el cordero pascual en la Última Cena, y luego la entregó al dios celta Bron que la levó a Occidente como un talismán de inmortalidad.

No es difícil comprender que esta leyenda no se basa en nada jamás probado y el Grial en este caso no es una copa histórica, sino más bien una bandeja que no existió en realidad. Nos encontramos ante un ejemplo perfecto de mezcla de fantasía y veracidad histórica que permite muchas discusiones sobre el Santo Grial.

Fuente: La revista Historia de Iberia Vieja, en el número 5 (diciembre, 2005), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: El Santo Grial, firmado por Juan Antonio Cebrián y fotografías de Juan Rafael de la Cuadra Blanco, en el que se pretende argumentar la autenticidad del grial de Valencia,

El grial de Himmler -Peter Harris

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EL GRIAL DE HIMMLER

La extraña visita del fundador de la SS a Montserrat

El 23 de octubre de 1940 el monasterio de Montserrat, en Barcelona, recibía la inquietante visita del fundador de las SS, Heinrich Himmler. Curiosamente, en ese mismo viaje a Barcelona alguien había robado una cartera perteneciente al célebre nazi. Ambos episodios, aparentemente inconexos, podrían estar relacionados con una de las misiones más “sagradas” del régimen nazi: la búsqueda del Grial.

Cuando Heinrich Himmler visitó España en octubre de 1940, su destino principal fue el monasterio de Montserrat, emplazado en la montaña del mismo nombre, en un seductor macizo rocoso ubicado a pocos kilómetros de Barcelona. El fundador de las temibles SS, conocidas también como la “Orden Negra”, creía que en el cenobio benedictino de este recinto podría encontrar las claves para hacerse con el Grial (MÁS ALLÁ, 25), uno de los objetos que los nazis buscaron con más ahínco. Y es que Adolf Hitler estaba persuadido de que el Santo Cáliz de Cristo le permitiría acceder a un poder que le garantizase el dominio del mundo. De hecho, pese al evidente fracaso de su reichführer Himmler para hacerse con el Santo Cáliz durante la II Guerra Mundial, la obsesión nazi por Montserrat no se esfumó. Sabemos, por ejemplo, que en enero de 1942, mientras hojeaba un libro ilustrado sobre España, Hitler exclamó: “¡Montserrat! La mera palabra hace que reviva la leyenda. Tiene su origen en el encuentro hostil entre los moros y los elementos romano-germánicos. Un país encantador. Uno bien se puede imaginar allí el castillo del Santo Grial”.

Imaginación fue, de hecho, cuanto los nazis se llevaron de su visita a la montaña catalana en 1940, El paseo de Himmler por Montserrat se presentó más problemático de lo esperado. Los responsables del monasterio se negaron a recibirlo y encomendaron esta tarea a un joven monje, el padre Andreu Ripol. Poco pudo responder aquel religioso a los ocultos intereses de Himmler, pero, cuando se ofreció cortésmente a enseñarle el monasterio, el general Karl Wolf, uno de los integrantes del séquito de reichführer, lo detuvo en seco de un empellón: “Perdone ?le dijo- A su excelencia no le interesa el monasterio, sino la Naturaleza”. ¿A qué fue exactamente Himmler a Montserrat?

La guerra mágica

Hoy son pocos los que albergan dudas sobre la existencia de una lucha de poderes ocultos en el transcurso de la II Guerra Mundial. No sólo se combatió en los campos de batalla, se sostuvo una contienda encarnizada en la retaguardia y se desencadenó una confrontación económica como hasta entonces no había contemplado la humanidad.

También hubo una guerra subterránea en la que los bandos enfrentados trataron de volcar a su favor las fuerzas del poder oculto que escapa a los planteamientos puramente racionales.

Para los iniciados, el reiterado gesto del primer ministro británico de marcar con sus dedos una supuesta “V” de victoria era mucho más que eso: se trataba de un signo con el que hacer frente a los poderes invocados por el enemigo. Se afirma que Winston Churchill llegó a reunir al poderoso círculo de magos de Coventry para contrarrestar los movimientos que los nazis realizaban en el campo de la lucha de los poderes ocultos. De hecho, muchos de los más cualificados dirigentes nazis fueron gente iniciada en los secretos del ocultismo o formaron parte de algunas sociedades esotéricas.

Tal fue el caso, por ejemplo, de Alfred Rosenberg, uno de los principales ideólogos del nazismo y cualificado miembro de la Sociedad Thule, que, aunque definida como una asociación para promover el estudio de las tradiciones germánicas, Era en realidad un centro de reunión de importantes ocultistas.

El propio Adolf Hitler, cuyo interés por el ocultismo es bien conocido, se sintió atraído por la presunta fuerza de determinados objetos. Se cuenta que durante su juventud pasaba horas extasiado ante una vitrina del museo del palacio Hofburg (Viena) donde se guardaba la llamada Lanza de Longinos (MÁS ALLÁ, 107), la misma que, según la tradición, habría utilizado el centurión romano para lancear el costado de Jesucristo en la cruz.

También es sabido que la infancia y la adolescencia de Rudol Hess transcurrieron en Egipto donde entró en contacto con algunas de las escuelas esotéricas allí existentes y llegó a recibir grados de iniciación. Una vez en la Alemania que contempló el ascenso del nazismo, alcanzó fama de ser un solvente ocultista.

Por su parte. Heinrich Himmler vivió obsesionado con hacerse con determinados objetos considerados eficaces talismanes con el fin de alcanzar el poder que se les atribuía. Himmler fue, además, un ferviente defensor de la metempsicosis y se consideraba la reencarnación del emperador Enrique II Hohenstaufen, apodado “el Pajarero”.

Himmler, ¿caballero del Grial?

Centrémonos en este personaje, fundador de las SS, la policía política del régimen nazi.

Himmler estaba convencido del papel de dominadora que la raza aria habría de ejercer sobre los demás pueblos del planeta y de que esa supremacía se convertiría en algo indestructible si los nazis conseguían apoderarse de algunos objetos dotados, presuntamente, de un poder legendario. Se afirma que su obsesión por el ocultismo alcanzaba límites insospechados y que siempre viajaba con libros relacionados con el esoterismo, entre ellos el famoso Parcival, de Wolfram von Eschenbach. De hecho, durante su visita a Montserrat en busca del Grial, Himmler mostró su interés en saber si la biblioteca de los benedictinos atesoraba algún documento en torno a la obra de Von Eschenbach. Los monjes lo negaron.

Pues bien, convertido en uno de los hombres más poderosos de la Alemania nazi, Himmler creó en 1935 la Ahnenerbe, denominación con la que se bautizó a la Sociedad de los Estudios para la Historia Antigua del Espíritu, a la que se conocería también con el nombre de “Herencia de los Ancestros”. En su seno se constituyeron diversos departamentos especializados en investigar los antecedentes históricos de la raza alemana, rescatar sus tradiciones y difundir entre la población la cultura tradicional del pueblo germánico. Otro de sus departamentos, probablemente el más famoso, fue el de arqueología germánica, al que se encomendó la realización de extrañas expediciones con el propósito de buscar reliquias o talismanes a los que se atribuía un extraordinario poder, como el Arca de la Alianza (MÁS ALLÁ, 127) o el Grial.

La obsesión de Himmler por poseer el Grial llevó a los nazis a una sistemática búsqueda por todo el Languedoc francés, siguiendo las tesis formuladas por el investigador Otto Rahn. Éste recogió las leyendas que se conservaban en la tradición oral de los pastores de aquella comarca y consultó las obras de los eruditos locales, entre ellas las de Antoine Gadal, que le sirvieron de gran ayuda.

Tras establecer importantes conexiones entre los cátaros, los templarios y los trovadores, Rahn llegó a la conclusión de que las alusiones al Grial contenidas en el Parcival de Von Eschenbach tenían un trasfondo histórico que iba mucho más allá de los valores puramente literarios del poema. Así, interpretó que el castillo de Montsalvatsche al que se alude en el famoso poema podría ser la fortaleza de Montségur, porque, según el poeta medieval, solamente la condesa Esclaramunda de Foix, cátara y propietaria del castillo, era digna de portar el Grial.

Montségur fue precisamente el último bastión de los cátaros, contra los que el papa Inocencio III había decretado una Cruzada en 1209. La fortaleza cayó en 1244. Pero, según la tradición, antes de la rendición algunos cátaros consiguieron descolgarse por la ladera más inaccesible de la montaña, llevándose el Grial con la misión de ponerlo a salvo. Poco después, los huidos hicieron señas desde un monte próximo, indicando que habían culminado con éxito su empresa. Entonces los defensores de Montségur se rindieron a los sitiadores, quienes los quemaron en una gran hoguera que habían levantado en un lugar que desde entonces es conocido con el nombre de Camps des Cremats.

Rahn buscó la preciada reliquia en las cuevas de los alrededores porque, según creía, si los defensores de Montségur habían visto las señales de sus compañeros, éstas habrían tenido que ser efectuadas desde un lugar cercano, en el que habían depositado el Grial.
Sin embargo, al igual que algunos de los más cualificados esoteristas del círculo interior de la Sociedad Thule. Otto Rahn nunca descartó la posibilidad de que el Montsalvatsche citado por Von Eschenbach fuese también la forma de designar a la montaña de Montserrat, en las proximidades de Barcelona. A esta idea con tribuyó sin duda la condesa Miryanne de Pujol-Murat, una aristócrata catalana que se creía descendiente de la última noble cátara, Esclaramunda de Foix, y que con frecuencia acusó a la Iglesia católica cristianizar el símbolo del Grial y a San Ignacio de Loyola de sustituir interesada mente Monségur por Montserrat, identificándola como el verdadero escondite del Grial.

Aunque ninguna de sus afirmaciones contó nunca con respaldo histórico, Otto Rahn siguió los dictados de su mentora. No en vano, ya en la Cataluña de la década de 1930 varios escritores habían alimentado la idea de Montserrat como refugio del Grial. Autores como Manuel Muntadas Rovira o Marius André subrayaron esa idea en sus textos. Y de ahí a interesar al mismísimo Himmler quedaba ya sólo un paso…

El Grial en Montserrat

Su obsesivo deseo de hacerse con el Grial llevó al responsable de las SS a la montaña más emblemática de Cataluña el 23 de octubre de 1940, precisamente el mismo día en que Hitler y Franco se entrevistaban en la ciudad francesa de Hendaya.
En su visita a Montserrat Himmler estuvo acompañado por diferentes autoridades franquistas, como el alcalde de Barcelona, Miguel Mateu, o el capitán general de Cataluña, el general Orgaz, además de un numeroso séquito, del que formaba parte el general de las SS Karl Wolf -otro individuo obsesionado con el Grial y muy relacionado con los círculos ocultistas del nazismo-. La visita no estuvo exenta de incidentes. A su llegada al monasterio, el poderoso reichführer se encontró con la negativa a recibirle de los máximos responsables de la comunidad, los padres Marcet y Escarré, que no quisieron ejercer de anfitriones del jerarca nazi alegando que no hablaban alemán.

La actitud de los benedictinos, que encomendaron la tarea a un joven monje, produjo un momento de fuerte tensión y la irritación de las autoridades locales.

No acabaron aquí los incidentes, ya que al todopoderoso jefe de las SS le fue robada una cartera de la suite del hotel Ritz, donde se alojó durante su estancia en Barcelona. El escándalo fue monumental, aunque la policía franquista procuró que no se difundiese la noticia de un robo que la dejaba en muy mal lugar, dadas las connotaciones que concurrían.
Sin embargo, pese a que las autoridades pusieron un particular empeño ya que se movilizó a toda la policía de Barcelona, la cartera nunca se encontró. Corrió el rumor de que contenía importantes documentos relacionados con el Grial e incluso se afirmó que en ella se guardaban unos antiguos planos de Montserrat en los que podrían estar señalados los puntos clave para hacerse con el Grial.

Se barajaron varias posibilidades respecto al robo, entre ellas la de que éste hubiera sido perpetrado por el servicio secreto británico, que por aquellas fechas tenía algunos destacados agentes en Barcelona. Ésta era una versión que convenía a la desconcertada policía franquista, ya que señalaba a uno de los mejores servicios secretos del mundo, lo que hacía menos penoso el oprobio que había caído sobre ellos a los ojos de sus alarmados jefes.

Lo cierto es que la cartera del führer nunca apareció y, en consecuencia, tampoco se supo cual era su contenido. Un suceso que ha permitido alimentar todo tipo de especulaciones.

La revista Más Alla de la Ciencia, en el número 203 (enero, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial y su relación con los nazis: “El Grial Nazi. ¿Por qué Himmler lo buscó en España?”, firmado por Peter Harris, en el que partiendo de la visita que Himmler hizo en 1940 al monasterio de Monserrat analiza la ralación de los nazis con la Búsqueda del Grial,

El Grial de Cuenca – Javier Navarre

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 EL GRIAL DE CUENCA

Según los expertos en la materia, la descendencia de Jesús y María Magdalena, entroncada con la sangre de los reyes merovingios, desembocada en diversas ramas genealógicas europeas a lo largo de la Edad Media.

Una de las más importantes será la de los Plantagenet que, llevando el título de condes de Anjou, fundaría en 1154 esta dinastía en Inglaterra, con Enrique II como rey. Otra, igualmente notable, sería la de los Plantavelu, que a finales del siglo IX constituiría el ducado de Aquitania, y en el XII fructificaría en uno de los personajes más brillantes de su época: la duquesa Leonor de Aquitania. Estas ramas volverían a cruzar su sangre presuntamente claudica precisamente con el matrimonio de Enrique II Plantagenet, conde de Anjou y rey de Inglaterra, con la hermosa duquesa Leonor. De esta unión nacieron héroes cuyas hazañas forjaron la historia de los reinos europeos, protagonizando los versos de los trovadores y ocupando páginas de honor en los romances de la época. Entre los hijos de esta pareja figuran los famosísimos Ricardo Corazón de León y el llamado Juan sin Tierra, cuyas andanzas han sido llevadas al cine con más fantasía que realismo, vinculados a una tradición caballeresca al estilo de la del rey Arturo y sus griálicos caballeros. En la Edad Media, la nobleza era un club con muy poquitos socios y las familias estaban todas emparentadas, volviendo a casarse cada generación para establecer alianzas, mantener reinos y privilegios y conservar líneas genealógicas. Nada extraño en un sistema nobiliario basado en el derecho de sangre. Los enlaces entre primos de segundo grado y entre tíos y sobrino eran tan habituales que el motivo clásico para anular un matrimonio real era alegar ante la curia relación de parentesco entre cónyuges. Casi siempre la había. De manera que, a esas alturas, la antigua sangre del rey David corría, más o menos mezclada, por las venas de buena parte de la realeza europea, incluyendo, por supuesto, a los reyes castellanos y aragoneses.

Son muchas, y bien antiguas, las líneas de irrigación que llevan esa sangre al caudal de los monarcas peninsulares. Siguiendo una de ellas como ejemplo, tenemos al rey castellano Alfonso VI casado con Constanza de Borgoña, cuya abuela paterna no era otra que Constanza de Aquitania. De ese entronque aquitano saldrá, cuatro generaciones después, el rey de Castilla Alfonso VIII, conquistador de Cuenca y autor de las armas que campan en el escudo de la ciudad, ese cáliz y esa estrella de enigmático significado. De manera que, por las venas de este rey conquistador. corría sangre aquitana que venía de tan lejana fuente como la del rey David, pasando a través de Jesús y María Magdalena.

Y, repitiendo una vez más el cruce de parentescos, el rey Alfonso volvió a mezclar su sangre con esa dinastía sagrada de tan antiguos orígenes al casarse con una hija de Leonor de Aquitania y de Enrique II, rey de Inglaterra y conde de Anjou.

El linaje del Rey David

De manera que ya tenemos a nuestro rey Alfonso VIII dentro de la corriente de descendencia del rey David, casándose además con quien lleva la sangre de Anjou, que no es un linaje cualquiera en lo que afecta al Grial. Wolfram von Eschenbach, en su Parzival, incluye en este linaje a su protagonista, Parsifal, el caballero que encontrará el Grial, cuando dice que su padre es “un héroe extraordinario, un Anjou de esclarecida estirpe”. Si tenemos en cuenta que en otros romance griálicos se insiste con tenacidad en que los caballeros vinculados con tan misterioso secreto son “del alto linaje del rey David”, podemos ir atando cabos para suponer que ser Anjou y ser descendiente del rey David viene a ser lo mismo para los narradores de esta historia. Y si a todo esto le añadimos que sir Thomas Malory, en su obra La muerte de Arturo, dice expresamente que “Lanzarote viene solo del octavo grado de nuestro Señor Jesucristo, y Galahad del noveno”, vemos cómo, en el contexto griálico, se da por sentado que Cristo tuvo descendencia y podemos concluir que ser Anjou significa que por sus venas corre no solo sangre davídica, sino también la de Jesús y de María Magdalena. Y eso es Leonor de Aquitania, hija del conde de Anjou: una descendiente del linaje sagrado, casada a su vez con Alfonso VIII, otro miembro del reducido grupo que podemos llamar Grial de sangre. Se unieron en un matrimonio real que ocultaba otra realeza mucho más profunda y antigua: la que nacía del sagrado trono del rey David.

Los reinos españoles y el grial

En las fechas de las que hablamos, las fronteras no eran las que conocemos hoy. El reino de Francia apenas cubría un pequeño territorio en torno a una isla del río Sena que no llegaba, por supuesto, a los Pirineos. Los terrenos al norte de la cordillera no pertenecían a la corona francesa. Eran propiedad de nobles caballeros independientes, vinculados por lazos de sangre y vasallaje a los reinos españoles de Navarra y Aragón. Eran las tierras de Languedoc, Gascuña, Rosellón, Aquitania, Provenza… Para hacernos una idea de cómo eran las cosas entonces, basta decir que la Aquitania era el doble de grande que el reino de Francia, y su duque Guillermo IX se jactaba de que nunca había prestado juramento de fidelidad al rey francés. Y estas son, precisamente, las tierras de¡ Grial, aquellas en las que su tradición se asienta, en las que surge el temprano culto a María Magdalena y la leyenda de¡ cáliz sagrado. Y son también las tierras por las que se extiende la herejía cátara con sus extrañas creencias sobre la Magdalena, y donde el Temple concentra el mayor número de propiedades.

Con todo esto, no es extraño que, en las narraciones medievales del Grial, aparezcan numerosas referencias a los reinos españoles. Los autores extranjeros, fundamentalmente franceses y anglosajones, ignoran este hecho, probablemente para seguir hablando de¡ Grial como cosa suya. Pero lo curioso es que los autores españoles tampoco se esfuerzan demasiado en resaltar la presencia, por derecho propio, de los reyes y reinos peninsulares en la leyenda del Grial, Siguiendo el texto más famoso, el Parzival de Eschenbach, nos encontramos ya con que el autor afirma basar su obra en un antiguo manuscrito encontrado precisamente en Toledo.

A partir de ahí, las referencias a España son constantes. Veamos unas cuantas. El padre de Parsifal, en uno de sus viajes, desembarca en Sevilla. “En aquel país ?dice el texto? conocía al rey. Era su primo Kaylet. Fue a visitarlo a Toledo”. Por tanto, según el texto, llevaban la misma sangre y Parsifal seria sobrino de este rey peninsular. Quizá por eso el escudo que lleva Parsifal había sido “forjado en Toledo, en el país de Kaylet’.También hay abundantes alusiones al rey de Aragón, al que llama Schafillor. En una de ellas se narra cómo éste, en un torneo, “tiró al suelo, detrás del caballo, al viejo Utepandragun, rey de los britanos”. Es decir, el rey aragonés vence al padre del mismísimo rey Arturo. Vinculado a la familia del Grial, aparece también un personaje llamado Kyot de Cataluña, que lleva el título de duque. Otro, de nombre Liddamus y rango de príncipe, dice tener “en Galicia,
muy diseminados, numerosos castillos, hasta Pontevedra”. Los héroes de la búsqueda griálica montan caballos castellanos, y la montura del caballero Gawan luce una significativa señal: “En la grupa llevaba grabada a fuego una tórtola, el blasón del Grial”.

El misterioso escudo de Cuenca

Cuando el rey Alfonso VIII de Castilla puso cerco a la ciudad de Cuenca en 1177, los musulmanes llevaban en ella cuatro siglos. No fue fácil la conquista. Amurallada en los altos riscos cercados por las aguas de los ríos Júcar y Huecar, la empresa no era precisamente sencilla, y el rey Alfonso necesitó la ayuda del monarca aragonés, Alfonso H. Pariente, por supuesto, además de tocayo, ya que descendía de Inés de Aquitania. También contó con el auxilio de los caballeros de la Orden del Temple, esa milicia de Cristo que, según los romances medievales, custodiaba el secreto del Grial. De manera que las fuerzas que plantaron cerco a la Cuenca musulmana eran “soldados del Grial”, un ejército mandado por reyes que pertenecían a la estirpe sagrada. El asedio se inició el 6 de enero, día de la Epifanía, y duró nueve meses, hasta el 21 de septiembre, festividad de san Mateo.

Oficialmente, el escudo de Cuenca se confeccionó para conmemorar esta victoria y el rey Alfonso VIII concedió a la villa unas armas que recordaban los días de¡ comienzo y del fin de su conquista. La estrella, en representación de aquella que, en lejanos tiempos, guió a los Reyes Magos de Oriente en su largo viaje hasta el portal del Belén para adorar al Niño recién nacido, acontecimiento que la cristiandad celebra el 6 de enero. Y el cáliz, en representación de san Mateo, cuya festividad se celebra el 21 de septiembre. Esta es la interpretación oficial de las armas que componen el famoso escudo de Cuenca y, la verdad resulta bastante inverosímil. El asunto de la estrella puede pasar, aunque ya ve que oculta un significado más profundo de lo que parece. En cuanto a lo de san Mateo y el cáliz, es una versión que tiene poco asidero, ya que la iconografía religiosa nunca representó a este santo evangelista con una copa. Y si esta no es la interpretación correcta, ¿cuál es el significado que esconden los símbolos del escudo de Cuenca?

…y el Grial

De las intenciones que tenía el rey Alfonso queda todo lo que hemos dicho, sí, y también el escudo de Cuenca con las ¡armas que el rey le dio: una estrella ?ver cuadro? y un cáliz. Si sabía, como efectivamente sabía, que se casaba con un insigne miembro de esa dinastía sagrada, con una “Anjou de esclarecida estirpe” según el griálico texto de Wolfram von Eschenbach, y si quería hacer de Cuenca su Alfonsípolis, la sede de su corte y de su familia, parece que con las armas del escudo no queda reseñar el hecho de su victoriosa conquista, sino dejar constancia simbólica de la estirpe a la que él y su esposa pertenecían, para que su señal campeara sobre la ciudad elegida.

Así pues el cáliz sería una alusión directa al Grial, velada por la tradicional interpretación de que copa o caldero remiten sin más a esa forma orográfica de cuenco en el que la ciudad de Cuenca se levanta.

Pero todavía hay más. El escudo de Cuenca es una estrella suspendida sobre un cáliz, sobre un Grial. Una luminada que, según el Apocalipsis de Juan, es el planeta Venus, el lucero brillante de la mañana que distingue a los descendientes del rey David. Volvamos por un momento a las páginas finales del Párzival de Eschenbach. En ellas, una vez concluida la aventura de la búsqueda del Grial, el autor nos cuenta lo que ocurre con sus principales protagonistas. Parsifal se casa con la reina Condwiramurs y se convierte en el rey del Grial. Y tienen un hijo, Lohengrin, llamado el Caballero del Cisne”. Se trata de un personaje al que los romances medievales convertirán en héroe mítico de la cultura sajona. Como vemos, Lohengrin es descendiente del rey David, al igual que el rey Alfonso VIII. Y también es un Anjou, como la reina Leonor. Pues bien, una narración del siglo XV, para señalar el origen de este Caballero del Cisne”, dice que ha venido “del monte en el que Venus está dentro del Grial”. De manera que aquí tenemos la referencia directa a este símbolo contenido en el escudo de Cuenca: la estrella ?Venus, el lucero del alba? suspendida sobre el Grial, señalando a otro ilustre miembro de la estirpe sagrada, según las legendarias crónicas sobre este secreto.

Tras todo lo visto, no resulta nada extraño que Alfonso VIII, casado con esa Leonor de Inglaterra que llevaba la sangre de Anjou, escogiera tales símbolos para representarse a sí mismo en el escudo de la ciudad que llevada su nombre: Alfonsípolis.

La revista Enigmas, en el número 124 (marzo, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: “El Grial de Cuenca”, firmado por Javier Navarre, en el que se plantea la relación de Alfonso VIII conquistador de Cuenca y los reyes castellanos y aragoneses con los condes de Ajou y los duques de Aquitania y su relación con el Grial.

El secreto del Santo Grial – Claves oculatas de la reliquia sagrada – Javier Garcia Blanco

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EL SECRETO DEL SANTO GRIAL
Claves ocultas de la reliquia sagrada 

Sin duda alguna, el Grial es la reliquia más célebre de la cristiandad. Y, sin embargo, es al mismo tiempo el objeto sagrado más complejo y desconocido en cuanto a su simbolismo. El Nuevo Testamento sólo lo menciona al relatar el desarrollo de la Última Cena, describiéndolo como el cáliz utilizado por Cristo y sus discípulos. No será hasta cientos de años más tarde, a partir del siglo XII, cuando comienzan a extenderse por toda Europa una serie de tradiciones, poemas y romances medievales que añaden multitud de detalles sobre la historia de este objeto sagrado.

El primero de estos romances es Li contes del graal (El cuento del Grial), de Chrétien de Troyes, escrito a sugerencia del noble Felipe de Flandes en tomo al 1180. En él se relata la historia de un joven aprendiz de caballero, Perceval, quien durante su viaje se encuentra con un misterioso pescador que le informa de la existencia de un castillo en lo alto de una colina. Una vez en el interior de la fortaleza, Perceval asiste atónito, junto al dueño del lugar, al paso de un cortejo en el que un criado porta una lanza sangrante, mientras una joven hermosa sostiene un “grial” resplandeciente, aparentemente una bandeja, que sirve para sanar a un herido. Perceval se queda intrigado ante la comitiva, pero no se atreve a preguntar, pensando hacerlo al día siguiente. Sin embargo, cuando se despierta comprueba con asombro que no hay nadie en el castillo y ya no puede consultar sus dudas sobre lo que ha visto. Cuando prosigue su camino se encuentra con una doncella, que le explica que su anfitrión era el Rey Pescador (AÑO/CERO, 146) y que la comitiva era el cortejo del Grial, por lo que al no haber preguntado en su momento, perdió la oportunidad de curar al rey y recuperar la tierra yerma de aquellos dominios. Después de llegar a la corte del rey Arturo, el joven Perceval iniciará, tras su error inicial, la búsqueda del Grial. Sin embargo, el relato queda inacabado, y el lector se queda sin saber como finaliza la historia de Perceval…

Llama la atención en el relato de Chrétien la aparente ausencia de conexiones religiosas en la historia. Será en el siguiente romance, Joseph dAritmathe (José de Arimatea), obra del inglés Robert de Boron, donde se identifique por primera vez al Grial con el cáliz de la Ultima Cena, que habría servido también para recoger la sangre y el sudor de Cristo durante la crucifixión. En este caso la lanza citada por Chrétien se identifica con la de Longinos, el soldado romano que atravesó el costado de Cristo durante la Pasión. El relato de Boron describe la salida de José de Arimatea de Palestina -llevando consigo el cáliz sagrado recibido directamente de manos de Jesucristo-, y su viaje hasta Inglaterra, donde termina estableciéndose en Glastonbury, al sur del país. Allí funda la primera iglesia cristiana, dedicada a la Virgen María, y el Grial queda oculto en este templo.

Una piedra caída del cielo

El tercer texto de importancia que continúa el mito del Grial en época medieval -y sin duda alguna uno de los más sobresalientes- lo debemos al caballero alemán Wolfram von Eschenbach, autor de Parzival. Aquí el Grial ya no es la bandeja de El cuento de Chrétien, sino una extraña esmeralda caída de la mismísima frente de Lucifer -o de su corona, según otras versiones-, y que Wolfram llama lapis exillis o “piedra del cielo”. Más tarde esta piedra preciosa habría sido tallada por un ángel que la convirtió en copa y la entregó a Adán en el Paraíso, quien la custodió hasta su expulsión del Edén.

Quizá uno de los pasajes más interesantes y sugerentes del Parzival de Eschenbach es el que alude a sus “fuentes” de información. Según el caballero alemán, fue un trovador provenzal llamado Kyot quien le relató la historia del Grial. Este trovador había estado en Toledo y allí descubrió unos textos que aludían a la piedra esmeralda. No deja de ser significativo que este relato haga referencia a un objeto sagrado custodiado en Toledo, detalle que ha llevado a algunos autores a identificar esta piedra con la Mesa de Salomón -que también es mencionada por algunos como Tabla Esmeraldina- de la que hemos hablado en el artículo anterior.

No menos interesante resulta la identificación que Eschenbach hace de los caballeros del Grial  -aquellos que lo custodian- con los caballeros de la Orden del Temple. Wolrain denomina en su obra como templeisen  -templarios- a los guardianes del Grial. Algunos autores van incluso más lejos, y afirman que el propio Wolfram perteneció a la Orden. Fuera así o no, lo cierto es que parece haber cierta identificación entre los misteriosos custodios del Grial y los templarios. Un texto anónimo posterior al de Wolfram, titulado Perslesvaux, dice que los guardianes del sagrado cáliz eran ascetas y guerreros al mismo tiempo, y que ostentaban una cruz roja sobre túnica blanca, los distintivos de los caballeros de la Orden del Temple…

Resulta imposible averiguar hoy en día si el impulso de las historias del Grial en la Edad Media estuvo directamente vinculado con el Temple, pero lo cierto es que las leyendas y romances sobre la copa sagrada aparecen repentinamente, coincidiendo con el nacimiento de esa orden de monjes guerreros, y comienzan a perder fuerza cuando desaparecen los templarios.

¿Dónde está el Santo Cáliz?

Aunque los textos que acabamos de mencionar son sin duda los más conocidos, existen infinidad de tradiciones y leyendas que aluden al Grial casi en cualquier punto de la cristiandad. Muchas de estas historias incluso pretenden ofrecer pistas sobre el paradero del misterioso y sagrado objeto. Una de las primeras referencias sobre el Grial procede del diario de un peregrino del siglo VII llamado Arculf. Según éste, en su viaje a Jerusalén pudo ver el cáliz de Cristo, “una copa hecha de plata, con capacidad para una pinta”, custodiada en el interior de una capilla.

Más célebre es la tradición que señala a Glastonbury como escondite de dicha reliquia. De esta asociación se hace eco el texto ya mencionado de Robert de Boron, que sitúa a José de Arimatea en tierras británicas. Tras levantar el primer templo de la cristiandad, dedicado a María, habría fundado la Orden de los caballeros del Grial para custodiar el cáliz. En la actualidad Glastonbury se ha convertido en un lugar de peregrinación para los grupos más variopintos: católicos, protestantes, esoteristas, practicantes de cultos paganos, buscadores de tesoros… Algunos acuden por simple religiosidad, y otros porque, supuestamente, el Grial está escondido en sus proximidades. Muchos piensan que la copa sagrada se esconde en el Chalice Well o “pozo del cáliz”, del que manan aguas rojizas debido a su alto contenido en hierro. También hay otro pozo, el White Spring o “Fuente Blanca”, de aguas cristalinas. Ambos manantiales simbolizarían la sangre y el sudor de Cristo recogidos en el Grial por José de Arimatea.

Más interesante resulta el cáliz de la catedral de Valencia, ya que en este caso, además de la leyenda, existe un vaso físico que sería el utilizado por Jesucristo en la última Cena. Cuenta la tradición que en el año 258, en medio de la terrible persecución que sufrieron los cristianos, el papa Sixto II entregó al diácono Lorenzo ?natural de Huesca? los bienes de la Iglesia. Antes de dejarse llevar al martirio, el religioso oscense pidió a un soldado cristiano que llevara el Cáliz -llegado a Roma gracias a San Pedro- hasta Loreto, una aldea de su ciudad natal. Así lo hizo, y de este modo comenzó el periplo del Grial por tierras peninsulares. Tras las persecuciones, el soldado cristiano levantó un templo en su honor, en el lugar que hoy ocupa la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca. Allí habría permanecido hasta la invasión musulmana, cuando fue trasladado para protegerlo hasta Yebra, Siresa, Balboa y Sasabe. Una vez pasado el peligro, el rey Ramiro I ordenó que se construyera la catedral de Jaca, y que la reliquia fuera custodiada allí. Pero su viaje no se detuvo. En el siglo XI fue nuevamente trasladado hasta el monasterio de San Juan de la Peña, donde permaneció durante tres siglos, hasta que inició de nuevo su andadura, pasando por el palacio de la Aljafería (Zaragoza), Barcelona y, finalmente, la catedral de Valencia, donde sigue hoy en día.

Como señala acertadamente Juan G. Atienza, las similitudes entre el cáliz de Valencia y el mencionado en las tradiciones artúricas son más que notables: “el primer indicio que obliga a establecer un paralelismo entre el Grial místico y el Cáliz de San Juan de la Peña es la constante alusión que, en los poemas artúricos, se hace al territorio peninsular ( … ). Un nombre como el del rey del Grial, Anfortas -el rey Pescador que sobrevive gracias a las virtudes curativas que posee la reliquia-, es paralelo al de Anfortius, que empleó en varias ocasiones el monarca aragonés Alfonso I el Batallador, gran devoto del Cáliz Pínatense, del que se dice que herido de muerte, logró sobrevivir refugiándose en el monasterio de la Peña”.

Por otro lado encontramos el llamado Cáliz de Antioquía, una copa descubierta en 1908 y que hoy puede contemplarse en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York. Las localizaciones se multiplican, y hoy en día distintos autores sitúan la sagrada reliquia en los más variados lugares, como la célebre capilla de Rosslyn (Escocia), en donde lo habrían ocultado los templarios tras su huída de Francia. 0 incluso en las cercanías de Montségur, uno de los últimos refugios de los herejes cátaros quienes, según muchos autores, también habrían custodiado el Grial…

Propiedades mágicas

Frente a la visión del Grial como objeto físico, encontramos otros estudiosos que lo interpretan como un símbolo. La creencia en un recipiente sagrado, provisto de propiedades mágicas no es exclusiva de la fe cristiana. Desde la antigüedad, casi todas las culturas han poseído tradiciones en las que se repite la imagen de un recipiente -ya sea bandeja, cuenco, caldero o copa- con propiedades sobrenaturales, cuyo significado es el del rejuvenecimiento, la inmortalidad y la transformación espiritual.

En la antigua Grecia, por ejemplo, existía la creencia de que Medea, la hechicera, había utilizado un caldero mágico para rejuvenecer al héroe Jasón hirviéndolo en su interior, y esta bruja se jactaba de poder convertir a un viejo carnero en un joven cordero mediante el mismo procedimiento.

También los celtas poseían creencias similares. Para éstos, el caldero mágico era un recipiente con el que conseguir el renacimiento, la inspiración y la abundancia. Según el escritor John Mathews, que ha investigado profundamente los mitos vinculados al Grial, “el símbolo del vaso sagrado en tanto que fuente de poder y causa de milagros es, por lo menos, tan antiguo como la Historia ( … ), la literatura acerca del vaso surgió tan repentinamente que resulta inevitable suponer que se basaba en un conjunto bien definido de mitos orales”.

Y, desde este punto de vista, todo parece indicar que las leyendas medievales son simplemente la “última manifestación” de un mito universal. Y, en efecto, si comparamos con detalle las antiguas creencias con las tradiciones medievales del Grial comprobamos que las similitudes entre ambas son numerosas, a pesar de que los romances medievales fueran dotándose de carácter cristiano.

Hoy la mayor parte de los estudiosos coinciden en esta interpretación simbólica. Esta alegoría de la búsqueda del conocimiento, ese paso de la ignorancia a la iluminación se vería representado, por ejemplo, en el person4je de Perceval descrito por Chrétien de Troyes. El joven aprendiz de caballero comienza su aventura como un analfabeto y, poco a poco, va alcanzando el conocimiento mientras avanza en su aventura. No parece tampoco casual el hecho de que la denominación que da Eschenbach a la “piedra del cielo”, lapsis exillis, recuerde tanto al lapis, la piedra filosofal de los alquimistas. Muchos autores identifican ambas piedras y señalan que el Grial es un símbolo de la transmutación interna o la búsqueda espiritual. Este verdadero significado explicaría por qué la Iglesia pareció mostrarse al margen de las historias que se extendieron en la Edad Media sobre el Grial y que para Roma no serían más que herejías.

Como explica Atienza, “detrás de cada conjunto de mitos y de esquemas está siempre la configuración de algo que contiene el secreto universal y que, una vez hallado por el hombre, le descubrirá el misterio último de la vida, de la Realidad, del Conocimiento”. ¿Se atreve usted a recorrer tan apasionante camino?.

La revista Año Cero, en el número 05-190 (mayo, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: “El secreto del Santo Grial”, firmado por Javier Garcia Blanco, en el que se plantean las posibles claves ocultas de la reliquia sagrada.

El guardian del Grial – claves ocultas en San Pantaleón de Losa – Alfredo Orte Sánchez)

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EL GUARDIÁN DEL GRIAL

Claves ocultas de San Pantaleón de Losa

Una pequeña y recóndita iglesia burgalesa parece esconder en su simbología una serie de claves ocultas que apuntan a la ubicación de las más preciada de las reliquias cristianas, un objeto cargado con apasionantes tradiciones herméticas: el Santo Grial.

La idea que tenemos de las sagas artúricas, tan vinculadas al Grial, suelen remitimos a los paisajes brumosos y nevados del norte de Europa. Por ello, puede resultar una sorpresa encontrarse con una serie de ermitas y enclaves en el norte de la provincia de Burgos, directamente relacionados desde hace siglos con el misterioso objeto (AÑO/CERO, 162). En esos valles donde comenzó la historia de Castilla, se encuentran diseminadas pistas que sugieren la posibilidad de que la leyenda del Grial hubiese dado aquí sus primeros pasos, según fue plasmada en los romances, a partir del siglo XII.

Lo más curioso de esta hipótesis ha sido comprobar cómo se ha transformado de un cuento con sugestivas coincidencias toponímicas en una hipótesis con nuevos indicios que permiten establecer algunas conexiones con la historia del Grial. Este misterioso objeto ha estado asociado desde sus comienzos con la Orden del Temple, pues los caballeros aparecen como sus guardianes en Parzival, el famoso romance de Von Eschenbach. Si bien hasta la fecha la presencia templaría en la zona sólo se justificaba en base al vecino templo de Santa María de Siones y la posible conexión de un antepasado de su propietario en el siglo XIV con dicha Orden, los nuevos indicios permiten ampliar las sospechas a otros lugares de su entorno.

Como si de una embarcación encallada en un arrecife se tratase, la iglesia de San Pantaleón de Losa parece navegar sobre el valle, ofreciendo una inmejorable panorámica sobre el pequeño pueblo del mismo nombre y el resto de la comarca. Parece que desde el mismo momento de su construcción, esta iglesia románica acogió ciertas reliquias traídas desde Constantinopla y pertenecientes a Pantaleón, un médico de Nicomedia que fue martirizado en el siglo IV de nuestra era, y que fue conocido por sus milagros, que enlazan directamente con ciertos aspectos de la leyenda del Grial. Toda su vida es un compendio de conocimiento hermético pero, sin duda, el hecho más interesante se produjo durante su muerte. Sus verdugos le ataron a un olivo tras torturarle y finalmente fue decapitado. La sangre que brotó de su cabeza hizo florecer el árbol en ese instante, dando sus frutos. La relación de las rosas con el mito del Grial se puede encontrar en todo el ciclo griálico, desde los relatos de Chretien de Troyes hasta el Parzival de Eschenbach, pero lo más interesante es observar que en los alrededores de la ermita existen enclaves que nos recuerdan el símbolo de la rosa, como la población de Salinas de Rosío o la proliferación de cerros y vaguadas que llevan el apellido “espino” para referirse a ellos.

En el interior del templo se guarda la tapa de un sepulcro románico que, según la tradición, contiene los restos del santo, lo cual habría atraído a muchos peregrinos que decidían tomar este ramal secundario del camino jacobeo para venerarlo. No hay pruebas de que el cuerpo de Pantaleón estuviese realmente en la ermita, pero sí ha llegado a nuestros días la leyenda que vinculaba este templo con el Grial, a partir del relato de un peregrino medieval posiblemente llegado de tierras inglesas o escandinavas, que aseguraba haber contemplado la sangre del Salvador en el interior de la ermita, la cual identificó inmediatamente con el origen del mito…

Geografía Mágica

Siempre se ha tomado esta leyenda como el fruto de la imaginación de un extranjero seducido por el paisaje y, sobre todo, por la toponimia que le rodeaba. Pero con la simple ayuda de un mapa y una regla podemos descubrir algunas relaciones geográficas que parecen indicar una vinculación entre algunos enclaves, tras los cuales pudo encontrarse el Temple. La iglesia de San Pantaleón perteneció en sus orígenes a los dominios del vecino monasterio de Valpuesta, encargado de velar por las diferentes parroquias de los valles de Ayala, Mena y Losa. Si unimos con una línea recta ambos lugares y la prolongamos, observaremos que en su camino atraviesa dos poblaciones que contaron con explotaciones de sal desde la época romana: la localidad alavesa de Salinas de Añana, y la ya mencionada Salinas de Rosío. En la primera de ellas se ha conservado un documento del siglo XVI que acredita la posesión templaría del antiguo monasterio de Atiega, ocupado más tarde por religiosas de San Juan de Jerusalén. En dicho documento se comenta que esta fundación es “la más antigua que hay en España de religiosas nuestras, por tradición en ella y en toda aquella comarca, de haber sido de Templarios”, lo cual nos indica que su presencia no se habría limitado a este cenobio.

Aunque pueda ser una casualidad encontrar dos yacimientos de sal en el mismo recorrido que Valpuesta y San Pantaleón, si seguimos la misma línea hacia el norte alcanzaremos el templo románico de Bárcena de Pienza, de la misma escuela constructora que la anterior, y en cuyos relieves destaca un capitel ocupado por caballeros de una orden militar sin identificar. La coincidencia de temas y estilo en las tallas nos ¡indica que sin dudas el mismo maestro cantero realizó los principales motivos escultóricos de ambas iglesias. Pero aún es más sorprendente el alineamiento si observamos que en todos los enclaves descritos se han localizado restos de una ocupación de época romana, bien sea en forma de santuarios (Valpuesta), necrópolis (San Pantaleón y Bárcena de Pienza) o explotaciones salinas. La sombra templaría aparece de nuevo cuando analizamos las relación entre la iglesia de Siones y la de San Pantaleón; si las un¡mos por un eje, y lo prolongamos hacia el sur, atravesaremos la ermita de San Bartolomé, presunta posesión de la Orden en pleno cañón del río Lobos (Soria).

¿Curioso juego cartográfico o plan preestablecido por las altas jerarquías templarías? Si bien podemos dejar margen para la duda sobre esta cuestión, ante las tremendas complicaciones de realizar cálculos adecuados sobre todo sin ayuda de modernos mapas topográficos, algunos elementos derivados de la propia orientación de San Pantaleón dejan poco margen a la casualidad. La situación del templo en la cima de la colina expresa un sentido y proyección solar muy presente en el románico, en este caso acentuado por los elementos del paisaje que la rodea. Hacia el noreste y visible desde la ermita, se encuentran el cerro de La Magdalena y la Peña del Cuerno, perfectamente alineados desde la posición de la iglesia, y cuya etimología parece remitirnos precisamente a la mitología templaría.

Orientación intencionada

Gracias a programas informáticos como Skyglobe, hoy hemos podido determinar que esta impresión no es casual. Si nos situáramos en el solsticio de verano del año en que fue consagrado el templo, 1207, observaremos con asombro que el sol nace casi exactamente en la dirección de este enclave, visto desde la colina de la iglesia; más exactamente, el amanecer por este punto preciso se sitúa el 24 de junio, fecha de la festividad de San Juan Bautista. uno de los patronos de la Orden de gran importancia esotérica. La elección de esta fecha para designar el día del precursor de Cristo es muy antigua y hunde sus raíces primero en la mitología celta, pues estaba consagrada al dios Lug, cabeza de su jerarquía teológica, y en la mitología grecolatina después, al ser una fecha dedicada al culto al dios Jano, poseedor de las llaves del pasado y del futuro, y que habitualmente era representado con un rostro de dos caras. Siglos más tarde, para el Temple tendría un profundo significado, pues el Bautista había sido reconocido por Cristo como su precursor, aquel que anunció su inminente llegada y que, curiosamente, acabó sus días sufriendo una decapitación, como San Pantaleón.

No menos interesante es el sentido que adquieren en estas circunstancias los elementos geográficos donde se produce el amanecer del solsticio de verano. El cuerno es un símbolo asociado a las grandes revelaciones celestiales y en el Cristianismo representa la fuerza de la palabra de Dios, aunque sin olvidar que en el ciclo medieval es un elemento presente entre los atributos más nobles de la familia del Grial. Por otro lado, la Magdalena ha sido asociada a esta leyenda en diversas interpretaciones, como aquellas que la identifican como la compañera de Jesús y origen de un supuesto linaje divino identificado como el Sang real. Por el momento, todos los estudios realizados para encontrar pruebas de la existencia de este linaje se han topado con lagunas históricas en las que resulta difícil hallar algo de luz. Sin embargo, de lo que no cabe duda es de la interesante relación entre María de Magdala y los templarios, pues resulta asombrosa la cantidad de enclaves de la Orden que están cerca de iglesias o topónimos con este nombre (Solana de los Barros, Jerez de los Caballeros, Zamora, Olivenza, Rivadavia o Tarazona, por poner algunos ejemplos). Es posible que bajo estas advocaciones se esconda una reivindicación del papel de la Magdalena que otros le habían negado.

No olvidemos que la elevación de la mujer en el relato evangélico fue posible en esta época gracias a San Bemardo de Claraval, impulsor y principal padrino del Temple. Por otra parte, el conocimiento astronómico de los constructores del románico burgalés está fuera de toda duda, y alienta la idea de que estas relaciones entre el ciclo solar y el entorno de San Pantaleón no responden a la casualidad. En las vecinas iglesias de Soto de Bureba y de Colina de Losa podemos advertir sendas representaciones zodiacales, y en la iconografía de otros muchos templos se conserva una gran variedad de elementos simbólicos relacionados con una mitología solar precristiana (grifos, leones, rayos, discos, rosetas … ) que demuestran el interés de sus constructores por erigirlos en armonía
con el conjunto de los ciclos cósmicos y, en especial, con los del astro rey. ¿Podemos considerar esta serie de relaciones tan sólo como un cúmulo de increíbles casualidades? Esta pregunta deja de tener sentido cuando observamos el amanecer del solsticio de verano desde el interior de la ermita, contemplando un efecto similar al de San Juan de Ortega, donde un rayo de sol equinoccial ilumina dos veces al año un magnífico capitel que escenifica la Anunciación y Natividad de Jesucristo. Los misterios de la ermita no han hecho más que comenzar.

Huellas Templarías

La documentación existente sobre la fundación de esta preciosa iglesia no arroja apenas datos más allá del siglo XIV. En esa época se tiene constancia de su pertenencia a la Orden de San Juan de Jerusalén.

Por desgracia no existe ninguna evidencia de cómo llegó el templo a manos hospitalarias, por lo que persiste la creencia de que su aparición en la historia conocida coincide precisamente con la desaparición de la orden templaría. Hasta hace unos años, el posible origen templario de San Pantaleón se basaba, casi exclusivamente, en las curiosas toponimias que parecían inspirarse en la leyenda del Grial. El vecino pueblo de Criales, cuyo verdadero nombre hace unos cuantos siglos era “Griales” y la iglesia de Santa María de Siones, al otro lado de los Montes de la Peña, que también se ha atribuido a los templarios y cuyo nombre parece evocar a la misteriosa Orden de Nuestra Señora del Monte Sión, irrumpen en la mente del viajero. Quizá el nombre más llamativo es de la Sierra Salvada, una suerte de estribación montañosa de la Cordillera Cantábrica que evoca el mítico Montsalvat germánico, donde Von Eschenbach situó al castillo del rey Pescador, sede del Grial. Aunque parece que éste es el único enclave en nuestro país que recuerda vagamente con su nombre al relato del Parzival, no constituye por sí solo ninguna evidencia de una posible relación con San Pantaleón de Losa, si bien es cierto que genera interesantes interrogantes.

Algunos de ellos se han comenzado a resolver con los trabajos arqueológicos y de restauración de los últimos años, que han permitido conocer detalles muy interesantes de la iglesia. Así, han salido a la luz restos de una construcción de época romana en el subsuelo, posiblemente del siglo IV, de la que apenas se aprecian las bases de un muro semicircular. Estos restos han sido identificados por algunos expertos como pertenecientes a una construcción de origen militar, si bien es más probable, en función de la tradición románica de cristianizar lugares de culto pagano, que se tratase de algún tipo de santuario o templo sagrado. Esto justificaría también la importancia de San Pantaleón como centro de peregrinaje desde el momento de su construcción, habida cuenta que se sabe que nunca acogió la sangre milagrosa del santo, reliquia que hoy podemos ver en el monasterio de la Encarnación de Madrid, y que congrega a miles de feligreses cada 27 de julio para contemplar el milagro de la licuación.

Más interesantes son las pinturas que se han descubierto en el muro norte de la iglesia, y los graffiti de la portada. Aunque no han sobrevivido demasiado bien, aún pueden advertirse ruedas dentadas concéntricas, dibujos geométricos, caballeros con lanza en ristre e incluso la figura de un gato que parece estar asociado con el pecado y los vicios. El conjunto pictórico ha sido relacionado con la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de la que se tiene constancia que disponía de una casa anexa, al menos desde el siglo XIV. A pesar de estas atribuciones, lo cierto es que dichas pinturas constituyen una prueba de relevancia de su fundación templaría. Entre las razones que sustentan esta afirmación se encuentra la similitud existente entre algunas figuraciones y otras encontradas en reconocidas posesiones del Temple en toda Europa, como la iglesia de Montsaunés (Francia), que presenta parecidos más que razonables.

En entrada occidental se esbozan todavía los rasgos de una cruz patada roja inscrita en un círculo, lo que parece acreditar el origen templario; aunque dicha cruz es considerada por algunos como una señal de la época sanjuanista, lo cierto es que los hospitalarios empleaban cruces con otra serie de rasgos.

Una prueba de ello la tenemos en la iglesia de la Vera Cruz de Segovia, en cuya portada podemos admirar sendas cruces de malta pertenecientes al Hospital. En cambio, la cruz paté polilobulada se encuentra presente en reconocidas propiedades templarías como San Miguel de Bréamo o San Francisco de Betanzos, ambas en A Coruña y -algo especialmente relevante para nuestra particular búsqueda-, también la encontramos en la iglesia de San Bartolomé, en Soria. En este caso, la cruz aparece en uno de los capiteles interiores, rodeada por motivos geométricos romboidales de indudable similitud con las pinturas de San Pantaleón. Con tales referencias, la hipótesis templaría cobra una fuerza insospechada y, por tanto, la relación de esta ermita con el Santo Grial. Pero esta vinculación sólo puede entenderse al observar la insólita iconografía del templo, repleta de modelos singulares, que parecen guardar relación con las logias de constructores y sus secretos esotéricos.

Máscaras y gigantes

Tras la impresión inicial, el visitante queda perplejo ante la riqueza escultórica del exterior del templo, con multitud de detalles que son manifiestamente extraños en la tradición románica. Por encima de todos destaca el “gigantón”, que recuesta su espalda en una de las columnas de la portada, y que parece sujetar sobre el hombro una pesada bolsa o piel. Una teoría apunta la posibilidad de que se trate de Sansón con la piel del león, dada su posible relación con un relieve que parece sustentar sobre su cabeza. Si bien esta hipótesis puede ser cierta, no podernos ignorar que la principal función de esta figura parece ser la de guardar la entrada al lugar sagrado; el tamaño de la misma, su ligera orientación hacia el eje de entrada y, sobre todo, la presencia en el lado derecho de la portada de un gran rayo parece acreditar la sacralidad concedida a todo el conjunto. El sentido apotropaico (de protección) de la iconografía exterior destaca el interés del maestro por alejar las influencias malignas del sancta sanctorum, y queda patente en las expresivas máscaras y rostros.

En ningún otro templo de la escuela de Mena-Villadiego podemos encontramos con estos motivos de intensidad poco corriente: hombres sacando la lengua, monstruos de grandes fauces, serpientes devorando a personas… Y junto a todas ellas, misteriosos rostros hieráticos que siguen generando multitud de hipótesis. ¿Se trata tal vez de algunos freires de la Orden? Esos mismos rostros se repiten en otros templos del entorno y de la misma escuela (sin duda obra de los mismos canteros), a bordo de singulares barcas, a veces equipadas con remos y que parecen representar -según las teorías más extendidas-, el episodio bíblico de la pesca milagrosa. La relación con el Grial parece remitirnos en este caso al mítico Rey pescador, Amfortas, o tal vez se trate de una reminiscencia del tránsito de las almas por la laguna Estigia, mito heredado de las creencias paganas de la antigua Roma. Los recientes intentos por explicar el ciclo iconográfico de la ermita como episodios de la vida de Pantaleón chocan con la lógica cuando se encuentran con modelos que se repiten en otras iglesias vecinas, de diferente evocación.

Aún más intrigantes son los “prisioneros” que aparecen en las arquivoltas de la portada y de la ventana central del ábside, que sólo muestran la cabeza y las piernas, mientras el resto del cuerpo permanece oculto. El carácter insólito de estos personajes, que encontramos también en Santa María de Bareyo o en Siones, podría estar relacionado con algunos pasajes simbólicos de la aventura de Parzival, que aluden a un enclave mítico donde las almas van a parar a causa de sus pecados, antes de ascender a los cielos. De hecho, la carga del pecado es un tema recurrente en la iconografía de la escuela de Mena, siendo las representaciones del pecado original las más habituales en sus iglesias, posiblemente como reminiscencia de un estado de bienestar perdido al que constantemente hace alusión la leyenda del Grial. Un poco más allá, en la corona del ábside, un rostro con la boca tapada y las palmas hacia arriba parece guardar el secreto de San Pantaleón de Losa, en idéntica actitud a un relieve encontrado en la iglesia de la Virgen de la Peña (Sepúlveda), de la que también se sospecha un origen templario. ¿Qué misterio calla este personaje? ¿Realmente estuvo el Grial en sus inmediaciones? El tiempo, que espera paciente en estas soledades, aguarda el momento oportuno para responder todos los interrogantes que sigue planteando esta encantadora ermita burgalesa.

Fuente: La revista Año Cero, en el número 11-196 (noviembre, 2006), ha publicado un artículo dedicado al Santo Grial: “El guardián del Grial”, firmado por Alfredo Orte Sánchez, en el que se plantea la relación del mito del Grial con la iglesia de San Pantaleón de Losa en la provincia de Burgos (España).

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